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miércoles, noviembre 27, 2013

Severino Cifuentes regresa a su piso (2ª Parte)





Severino Cifuentes al salir de la consulta del Dr. Camino decide volver a casa directamente sin pasar por el bar. Es tarde. Se mete en la panadería y compra una baguete de pan integral. Visita la farmacia y compra unas gafas de cerca. Hace tiempo que perdió la cuenta de las gafas de cerca que acumulan sus cajones, mesillas y estantes. Cuando tres años atrás le diagnosticaron presbicia, se obsesionó en almacenar los anteojos, como si con ello fuera a frenar el avance de las dioptrías.
¿Dónde tenemos a Severino? Con tanta palabrería le he perdido de vista. No está en la farmacia; tampoco en la calle, la escalera...Ya lo veo. Está dentro de su apartamento. Jadea, por lo que deduzco que ha subido las escaleras andando. Si atamos cabos -pan integral, presbicia y subir las escaleras andando-, veremos que Severino Cifuentes es un cuarentón. Un cuarentón coqueto. Pero además es un solterón, melómano, bibliófilo, sensible, juerguista, muy gracioso y un poco misántropo. Obviamente el apartamento comparte los mismos calificativos que he dispensado a Severino. Las pocas paredes que permanecen vírgenes de estanterías y de libros, están ocupadas por decenas de fotografías. Es precisamente la temática de las mismas, lo que nunca olvidará ninguna visita. Las fotografías siempre representan la misma imagen: peinetas. Pero no las que llevan algunas mujeres clavadas sobre el moño. No. De las otras. Es decir, una mano con todos los dedos recogidos salvo el dedo corazón, izado e inhiesto. A lo largo de los años Severino Cifuentes ha conseguido fotografiar las manos de todos sus familiares, amigos y compañeros de trabajo, en tan escatológica posición. Son manos pequeñas, grandes, finas, de dedos regordetes o estilizados, manos masculinas y velludas o pálidas y frágiles. Del reverso o del anverso. Con uñas cuidadas o víctimas de onicofagias enfermizas. Aunque Severino Cifuentes no pone el nombre del propietario de cada mano, recuerda siempre al dueño. Y son casi un centenar. Absolutamente todas las visitas que han pasado por el apartamento de Severino Cifuentes han quedado fuertemente impactadas por tan extraña e irreverente exposición, pero nadie ha hablado de esto con nadie. Posiblemente este silencio esté causado por una mezcla de respeto y de miedo.
Severino se ha tumbado en el sillón. Se ha quedado dormido pensando en lo que debería contar y callar en la próxima visita al psiquiatra.



1 comentario:

Enrique Tarragó Freixes dijo...

Del final de tu bloguería deduzco todo el contenido y su mensaje. Dile a Severino que no se resuelve el asunto con ir al psiquiatra. Sería mejor que abriera los ojos en plena calle y que se de cuenta quee sa es la pose generalizada de todo caminante, de todo administrado de este País. En mi tierra alicantina le llaman semenfotismo.
Feliz tarde.