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domingo, noviembre 24, 2013

Severino Cifuentes en el diván





Severino Cifuentes permanece tumbado en el diván de la consulta del prestigioso psiquiatra, Dr. Camino.

Severino: La mayoría de las personas se excitan por coincidir con un músico famoso en la recepción de un hotel, o cuando acuden a la firma de una novela. Pero yo conocí al diablo.
Dr. Camino: ¿Cómo fue? Amplíemelo. Cuénteme que pasó.
Severino: Fue hace unos cuatro años. Me ahorraré detalles ya que prefiero ir directamente al grano. Cuando lo tuve frente a mí, no sabía aún de quién se trataba. Ahora tengo el convencimiento de que conversé con el mismo diablo. Si no le importa, evitaré reproducir las palabras que intercambiamos aquella mañana del mes de mayo y me centraré en las sensaciones que me produjo su presencia y sus palabras.
Dr. Camino: Como usted prefiera. Siga por favor, le escucho.
Severino: En primer lugar quiero aclararle que antes del encuentro con ese ente, no dejé de recibir avisos que me prevenían de la cercanía del desastre. Porque eso supuso para mí el encuentro con el diablo. El gran desastre de mi vida. La decisión de verme con él, pese a la alerta de mi ángel de la guarda, la comparo con la del que decide coger el coche pese a estar borracho y acaba en una silla de ruedas; una mala decisión sin marcha atrás.
Dr. Camino: (tras un minuto de silencio). Si lo desea seguimos otro día.
Severino: No puedo evitar, por otra parte, aunque parezca ilógico, estar agradecido ante el honor de que el mismísimo diablo se interesase por un ser tan insignificante como yo. Que el ángel caído que presentó batalla contra Dios en el origen de los tiempos, me tendiera una trampa a mí, precisamente a mí, me produce un extraño sentimiento de orgullo. Perdone, no puedo evitar sonreír al escuchar mis últimas palabras.
Dr. Camino: Tranquilo.
Severino: Tal y como le dije al principio, evitaré, o mejor dicho, rodearé la literalidad de nuestra conversación y pasaré a describirle cómo recuerdo, cómo es la naturaleza del diablo.
Dr. Camino: Adelante.
Severino: Pese al poder que emana cada poro de su piel y pese a ser el auténtico soberano de la tierra en la que vivimos usted y yo, es un ser triste. La amargura impregna cada palabra que nace de su boca. La felicidad es un sentimiento humano que él desearía saborear, pero que se tiene que limitar a ver pasar frente a sus narices. Entendí que debe ser horrible para un rey carecer de la posibilidad que tiene el más humilde de sus súbditos de disfrutar con la sonrisa de un hijo, no llegar a sentir nunca las mariposas en el estómago de una primera cita, o sentir el escalofrío de una caricia. Ahora comprendo que esa frustración es la que ideó Dios para castigar al diablo cuando decidió desterrarle. Sin duda solo la mente más brillante pudo pergeñar semejante condena.
Dr. Camino: ¿No desea explicarme en qué aspectos afectó a su vida este extraordinario encuentro?
Severino: No. Creo que es hora de acabar con la sesión  de hoy.



2 comentarios:

marikosan dijo...

Esperamos con ansia que continue la sesión. Abrazo grande.

Enrique Tarragó Freixes dijo...

Mordiéndome las uñas nos dejas. Feliz noche