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jueves, agosto 27, 2015

El sino de España





España es un país que siempre ha tenido y siempre tendrá un pié dentro del lodo.




lunes, agosto 24, 2015

Recuerdos




A veces, encerrar a una criatura dañina en un armario y echar la llave no sirve de nada. Sobre todo cuando esa criatura es un recuerdo.


sábado, agosto 22, 2015

La pérdida



Eros ante la muerte de Psique
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En la vida del cuerpo, es la pérdida lo que nos desmiembra. Nuestros corazones se rompen; sangramos, nos herimos, sentimos dolor; quedamos deshechos. La pérdida de un ser querido nos abre como un escalpelo, nos caemos a pedazos, nos sentimos cortados en trozos pequeños. La pena nos paraliza; nuestros cuerpos se sienten extraños y separados; parece que estamos viviendo en un sueño, en otro mundo.
Éstas son las experiencias que no debemos tratar de curar o superar, como si quisiéramos volver a ser las personas que éramos. Al contrario, debemos permitir que las energías profundas que liberan nos transformen. No debemos temer la desintegración de nuestro excesivamente sólido yo; debemos dar la bienvenida a la muerte de nuestro ego heroico. No sólo es la pérdida lo que nos inicia, si se lo permitimos. También lo hace el amor, cuyo requisito previo es esa atención apasionada que coincide con la muerte del egoísmo. El amor es menos fiable que la pérdida para generar esta transformación, porque puede confundirse fácilmente con el apego, el ansia, el deseo, y así puede hacerse irreal sin que lo sepamos. Las razones para nuestro sufrimiento por la pérdida de alguien pueden ser igualmente irreales o engañosas, pero al menos el sufrimiento en sí es real. Un grito de dolor es siempre irreductible.
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El fuego secreto de los filósofos, el cuerpo sutil. Patrick Harpur

domingo, agosto 16, 2015

Imaginación vs fantasía según Coleridge


Coleridge 1772-1834



Entre sus teorías, Coleridge, destaca su análisis de la mente poética, distinguiendo la "imaginación" de la "fantasía": ésta es una libre dinamicidad de la memoria, que baraja imágenes pasadas a su albedrío, mientras que aquélla es la propia capacidad de percepción de la realidad, en dos niveles; la primaria, como el acto de sentir el mundo, casi como eco del acto creativo divino, y la imaginación secundaria, como reelaboración de esa percepción, idealizándola y unificándola, esto es, haciéndola arte.
... Coleridge proclama la primacía de la "imaginación" sobre la "fantasía".



José María Valverde en la introducción a POETAS ROMÁNTICOS INGLESES





El agua no tiene color






He encontrado esta fotografía hace un rato por casualidad. Está tomada hace un siglo, anteayer como aquel que dice, en un estado sureño de los EEUU. Es una magnífica representación del racismo. Siempre he pensado que el racismo es un pecado -un fracaso- de la inteligencia. Me hubiera gustado poder poner esta misma foto, pero con un blanco bebiendo de la fuente asignada a los de color en señal de protesta.

jueves, agosto 06, 2015

El turista






Intentar conocer un país en una semana, además de ser absurdo, es agotador. Te ves convertido en uno de esos turistas -que a menudo ves en tu ciudad-, cámara en ristre, intentando fijar una imagen para luego almacenarla mientras pierde el placer de saborearla in situ.
A veces la mejor manera de explicar algo es enfrentarlo a su contrario. Pues bien, creo que con la fotografía que tomé desde uno de los canales de Brujas, en la que se puede ver a un perro en un duermevela observando relajadamente el paso de nuestra barca, se puede entender mejor la intención de mi escrito.

martes, julio 28, 2015

Leer para contarlo - José Luis Melero







Antes de irme de vacaciones os acerco dos anécdotas divertidas que  he encontrado en el libro del bibliófilo aragonés José Luis Melero, Leer para contarlo:











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Uno de esos libreros de Barcelona con quien mantengo buena relación me contó un par de anécdotas que le habían sucedido a lo largo de su vida profesional, las dos muy representativas de lo que es el mundo del libro viejo. Una de ellas hacía referencia al poco tiempo que tardan las viudas de los bibliófilos en vender sus bibliotecas. En cierta ocasión una de estas viudas le llamó para venderle los libros de su marido. Le dio la dirección y resultó tratarse de una vieja casa del ensanche barcelonés sin ascensor. Llegó a la casa del librero y delante de él, por la estrecha escalera, subían dos empleados de una funeraria con un féretro vacío. ¿No irán estos...?, se preguntó mi amigo. Pues sí, efectivamente, sí iban. Se pararon delante del mismo piso que le habían dicho por teléfono a nuestro librero. Abrió la viuda la puerta, pasaron los de la funeraria con el féretro y detrás mi amigo el librero a comprar los libros. Aún estaba el difunto en la cama de cuerpo presente cuando sus libros iban a parar ya a manos del librero de viejo. 

La otra anécdota es muy ilustrativa del hecho de que hay que mirar bien todos los libros por malos que parezcan. Estaba este librero comprando los libros en un piso cuando vio una serie de tomos de El año cristiano que ningún librero quiere porque, como la mayoría de los libros religiosos, apenas tienen salida. Mi amigo dijo, señalándolos con la mano, que esos no iba a comprarlos y la dueña de la casa casi imploró para que se los llevara. "Deme lo que quiera"-le decía la propietaria, una buena mujer vestida toda de negro que lloraba todavía ante la ausencia de su virtuoso esposo- "pero lléveselos porque me recuerdan mucho a mi marido". "Siempre estaba leyéndolos", continuaba la mujer. Al final mi amigo se los llevó con la intención de darlos al trapero pero al llegar al almacén se le ocurrió abrirlos y lo que vio allí casi le cambió la vida. Nuestro lector de El año cristiano había abierto un cuadrado en el interior de cada uno de esos tomos y allí tenía escondidas centenares de novelas pornográficas de finales del siglo XIX y principios del XX, cromotipias y postales sicalípticas de las misma época, en fin, un material dificilísimo de encontrar y por el que mmi amigo obtuvo, vendiéndolo poco a poco a coleccionistas de este tipo de publicaciones, un auténtico dineral. Y la buena señora pensando que su marido era un cristiano ejemplar. 
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