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lunes, diciembre 02, 2013

Sorpresa en la galería





Nuestro amigo el topo lleva todo el día recorriendo las interminables galerías subterráneas, buscando sabrosos gusanos con los que alimentarse. Justo cuando se dispone a descansar para digerir la despistada lombriz que acaba de tragarse, se topa de frente con una topa. Le atrae el olor que emana su congénere. No la ve, pero nota un quemazón desconocido entre sus patitas traseras. Todo es agradable. La humedad y la temperatura de la galería es ideal. Su corazón bombea alegre y tiene el estómago lleno. Solo hay un problema; no puede continuar el camino que seguía al tener un obstáculo de su propia especie y esto le preocupa al no saber cómo reaccionar. Es la primera vez en su vida que le pasa. Además no tiene claro que desee avanzar. Mueve la naricilla en rápidos impulsos. ¡Ah, ese olor, ese olor! Teme que la agitación que sufre su estómago fruto de esta novedosa excitación le haga vomitar su presa. No sabe cómo, pero su hocico ya recorre el cuerpo de su compañera tras atravesarle el pelaje y le husmea, placentero, la piel. Ya no sueña nuestro topo en ver las estrellas ni en hacer la digestión. Tan solo huele el fruto de su dicha.