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miércoles, diciembre 25, 2013

Severino compra una mascota




Severino se sentía solo.
(Severino siempre ha huido de las rutinas, especialmente de la compañía de una pareja estable. Renunció hace años a la posibilidad de mantener vínculos duraderos con otros humanos, por lo que limitó sus relaciones a contactos esporádicos y breves en los que obtener algo de sexo, risas, pan y otros elementos que le garantizasen una vida más o menos cómoda. Trabaja en casa. Sus amistades forman un grupo reducido con gustos noctámbulos, entre los que destaca el alcohol).
En el último polvo, tras el cual -como hace siempre- invitó a abandonar el lecho y la casa a la sorprendida amante, se quedó profundamente dormido y volvió a soñar que viajaba. Al despertar encontró una nota en el espejo del baño en la que pudo leer la palabra "gilipollas". Se rió a carcajadas al darse cuenta de que posiblemente estaba viendo en el espejo dos gilipollas.
Se vistió y fue a ver al Dr. Camino. Esta vez no le recetó pastillas: le recomendó una mascota. Severino buscó en internet, pero la elección no le resultó fácil. Nunca aceptaría una mascota cuyas caquitas no cupiesen en una cucharilla de café, con lo que descartó a la mayoría de mamíferos. Le dan dentera los roedores y esa manía de limarse continuamente los incisivos. Los insectos no tienen esqueleto. Finalmente se decidió por comprar un halcón. Consiguió un ejemplar perfectamente adiestrado que había trabajado en un aeropuerto enloqueciendo a las palomas y otras aves. Severino devoró libros de cetrería y preparó la terraza para su nuevo inquilino.

Severino está ilusionado. En el bar le dicen que le notan cambiado.
Al amanecer se acerca a la terraza donde el halcón le espera ufano, abriendo y cerrando el pico. Se embute la mano en el guante de cuero sobre el que salta el pájaro. Cuando llegan al parque que tienen detrás de su edificio, los vecinos que han madrugado para pasear a sus perros se apartan prudentemente a la vez que tiran fuertemente de las correas. Un chillido ensordecedor agita las copas de los árboles y cientos de palomas escapan despavoridas, chocando unas contra otras salpicando el césped de plumas. Severino alza la mano de la que salta el halcón en vuelo vertical hasta desaparecer en el inmenso cielo. Será un leve silbido lo que le avisará del regreso de la rapaz -siempre con una paloma entre las garras-. Las ordenanzas municipales prohíben este desatino, pero ningún vecino osará nunca denunciar a Severino Cifuentes.

Severino admira la impiedad del halcón. Lo considera un animal solitario y cruel. Esta noche observa con los prismáticos las ventanas que aún  permanecen encendidas y elucubra un plan mientras acerca un poco de pollo crudo a su amigo.


2 comentarios:

Enrique Tarragó Freixes dijo...

Se va complicando pero es emocionante, mimarzgz. Feliz resto de año.

mimarzgz dijo...

Sí, yo creo que ni Severino sabe a dónde va. un abrazo y feliz año.