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miércoles, enero 29, 2014

La sanidad no se privatiza



Los objetivos fundamentales de la medicina son: alargarnos lo máximo posible los años de permanencia en el mundo de los vivos y hacerlo evitándonos los sufrimientos físicos inherentes a nuestra composición. Debido a lo anterior las personas valoramos la medicina como un servicio fundamental, como lo son la justicia o la seguridad. Estamos dispuestos a entregar al estado parte de nuestros ingresos para que los administre y nos los revierta en una sanidad, cercana, rápida y de calidad.

Pues bien, la llegada de una de las mayores crisis económicas que ha conocido España ha llevado a los distintos gobiernos a reducir drásticamente el gasto general del país incluido el sanitario. En tres años hemos pasado del quinto al vigésimo lugar entre los estados con mayor calidad sanitaria del mundo. Estamos asistiendo a un aumento preocupante de las reclamaciones a atención al paciente, producidas por el aumento de las listas de espera tanto para diagnosis como para las intervenciones quirúrgicas. En muchos casos estas reclamaciones las tienen que efectuar los familiares de los afectados por razones obvias. Cada vez es menos extraño ver los pasillos de nuestros hospitales repletos de camas con enfermos agonizando o haciéndose sus necesidades encima, mientras se cierran plantas en los hospitales y miles de enfermeros y médicos españoles emigran a otros países.

Mientras esto ocurre en comunidades autónomas como la mía, Aragón, cuya población no llega al millón y medio de habitantes, mantenemos las siguientes instituciones públicas:
Gobierno autonómico con su parlamento, tres diputaciones provinciales y treinta y tres comarcas; además de infinidad de ayuntamientos y de las distintas representaciones del gobierno nacional. Y todo este despilfarro para mantener a los miles de asesores y otros enchufados puestos a dedo para pagar favores y colocar a amigos. Cuestión de prioridades.

Os preguntaréis a dónde quiero llegar. Pues quiero hablar de la decisión del gobierno de Madrid de paralizar la privatización de seis hospitales.  

A este rio revuelto, que es en lo que se ha convertido España por la llegada de la crisis y por la actitud de una clase política mezquina, han acudido algunas empresas privadas ávidas de pescar en uno de los mayores negocios posibles: el sanitario. Algunos gobiernos autonómicos como el madrileño -aunque no solo éste-, están intentando trasvasar fondos públicos a estas empresas privadas para que gestionen ellas la sanidad pública. Argumentan que la gestión privada supondrá un ahorro de costes. Es sin duda un argumento falaz que, en los países que se está llevando a cabo, está dando unos resultados nefastos. La demostración de mi anterior frase es sencilla: ¿En qué puede ahorrar una gestión privada frente a una pública? Veamos: Aumentar el ratio de pacientes por médico, sustituir médicos y enfermeros experimentados por recién licenciados, derivar enfermedades crónicas, o con altos costes de tratamiento a otros hospitales públicos; o ahorrar en materiales quirúrgicos y escáneres obsoletos. Solo se le puede escapar a un necio que, si se privatiza un servicio público como el sanitario, esto genera un coste añadido que es el beneficio que la empresa privada tiene que abonar a sus accionistas.

Pues bien, ya he llegado adonde quería llegar. La lucha de los profesionales médicos, apoyados por los pacientes y sus familiares y por la valentía de un poder judicial independiente, han paralizado el negocio innoble que estaba pergeñando el gobierno de Madrid junto con sus amigos de Sánitas y otras empresas que, por el momento, se han quedado sin pescado.
Y quiero felicitarles de todo corazón, y avisarles, no obstante, de que esta lucha solo ha comenzado y de que a partir de ahora para garantizar la supervivencia en España de la sanidad pública, tendrán que seguir trabajando en dos objetivos: mantener la calidad y profundizar en el ahorro de costes siempre que esto no afecte al primer objetivo.

Enhorabuena y ánimo.




3 comentarios:

Enrique Tarragó Freixes dijo...

Suscribo, casi integramente, tu post y subrayó las últimas líneas como elemento esencial: " ... tendrán que seguir trabajando en dos objetivos: mantener la calidad y profundizar en el ahorro de costes siempre que esto no afecten al primer objetivo."
Yo, mientras tanto, me seguiré preguntando: ¿por qué un trabajador público tiene distintas prerrogativas y condiciones laborales que quien lo hace en el sector privado? Curioso, lo primero, lo de privatizar el servicio público, se convierte en un nido de golfos en busca de su negociete y sus comisiones y lo segundo esconde un alto nivel de ineficacia, descontrol y alguna cosa más. El problema, ciertamente, es preocupante.

mimarzgz dijo...

Estoy de acuerdo Enrique. Creo que vivimos en los tiempos de la vigilia necesaria. Y lo digo con pena, ya que cualquiera que siga este blog sabrá que soy un defensor de sueño y de sus hijas, las ensoñaciones.

Enrique Tarragó Freixes dijo...

Un abrazo-e, mimarzgz.