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viernes, enero 31, 2014

Despedida de P.J. Ramírez del MUNDO





Corren malos tiempos para el periodismo. Me atrevería a decir que los peores de los tiempos. Varios factores han influido en esta crisis, sin duda acompañada por las nuevas tecnologías, pero fundamentada en el, cada vez más asfixiante, control de la opinión pública por parte de los estados modernos. Estos, no conformes en  constreñir, a base de violencia física y económica, la protesta libre de sus ciudadanos en las calles, intentan extender también el control a las televisiones, la educación de nuestros hijos y los quioscos.

El miércoles se produjo un hito en la endémica agresión a la libertad de expresión en España,  al retirar a uno de los pocos periodistas libres que se atrevía a denunciar la corrupción política e institucional, viniera de donde viniera. PSOE (GAL), Casa Real (Matrimonio Urdangarín), o PP (Caso de financiación ilegal del PP -Caso Bárcenas-), entre otros.

Sabemos en cambio que la mayoría de los medios de comunicación están escorados a uno u otro signo político hasta el vómito. Los casos del ABC o la Razón apoyando siempre al gobierno de Rajoy, haga lo que haga; o el del País, siempre tan próximo al PSOE que a veces da la impresión de que está incluso dentro del PSOE, son de los más evidentes.

Pues bien, tal y como se trasluce de la despedida de  P.J.Ramírez: "que quede claro que yo no me he ido, sino que me han echado" o "maldito el día en que se nos ocurrió publicar la entrevista de cuatro horas con Bárcenas", esta semana los españoles somos un poco menos libres de lo que lo éramos la semana pasada. Yo me conformo en dejar mi pequeño granito de arena en forma de protesta y de aviso, aunque solo lleguen a leer esta entrada un puñado de lectores.

He decidido traer, también la emotiva despedida en su versión íntegra.

http://www.elmundo.es/television/2014/01/30/52ea9d84ca474113658b4579.html


ya que creo que es de lectura obligada, para saber en el lodazal que se mueve España.


1 comentario:

Enrique Tarragó Freixes dijo...

Me gustaría saber alegrarme. Ni siquiera puedo.