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martes, julio 23, 2013

Recorrer nuestras huellas

Huellas fósiles de Anoplotherium en Abiego,( Huesca )




Javier soñó con una leyenda. Dicha leyenda se desarrollaba en un lugar indeterminado de Europa en una época remota. Desde la impersonal y poco comprometedora perspectiva del soñador frente al nebuloso acontecimiento, Javier asistía a un extraño funeral.

Sobre una losa de piedra yacía el cuerpo del finado y, rodeándole, los que parecían ser sus familiares, vestían unas sencillas túnicas blancas. El cuerpo pertenecía a un varón joven que apenas había tenido oportunidad de adentrarse en los sinsabores de la pubertad. A la derecha del rostro se podía ver una vasija de barro rellena de un líquido de color ocre y junto a ella un chamán con la cara oscurecida portaba una capa fabricada con pieles de lobo. Tomó entre sus dos manos la vasija y la alzó sobre las cabezas de los asistentes. Esta debía ser la señal, ya que al verla los familiares ocuparon los lugares asignados junto al cadáver: la madre le sujetó la cabeza con firmeza; el padre, la muñeca derecha; y los tres hermanos, el resto de las extremidades.

Una vez consiguió verter todo el brebaje entre sus azulados labios, pasaron unos minutos en los que el silencio se apoderó de la colina. Javier creyó estar presenciando el final de la ceremonia. En ese momento el cuerpo comenzó a agitarse y ha convulsionar con tal ímpetu que apenas podía ser sujetado por sus familiares. El chamán comenzó a gritarle unas órdenes directamente al oído que eran repetidas por todos los presentes. El alboroto que se formó alteró aún más el estado epiléptico del cuerpo que parecía haber retornado a la vida terrenal.

Fue entonces cuando Javier, que hasta entonces contemplaba el espectáculo desde la comodidad de un espectador, vio con terror como una mancha emergía de la losa ceremonial y se aproximaba velozmente hasta parar bruscamente frente a él. La etérea mancha se concentró formando una faz adolescente que observaba con una mueca de extrañeza a Javier a un metro de distancia. Habló una extraña lengua que, sin embargo, Javier comprendió: - Antes de emprender el viaje definitivo, debía recordar los momentos fundamentales de su vida, sus errores y aciertos y escuchar los consejos emitidos por el chamán y coreados por familiares y personas principales de la tribu -.

Al amarillear el horizonte con las primeras luces del día, el cuerpo dio un último latido y la mancha entró por la boca, que fue sellada con ternura por su madre.

Javier despertó en el momento en el que la suya subía las persianas del dormitorio.




1 comentario:

Enrique Tarragó Freixes dijo...

+++++++++++++
Creo que esta bloguería será de las más largas en contenido que ye haya conocido. Es ++++++++++