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sábado, julio 13, 2013

Los enamoramientos - Javier Marías






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Sí, hay quienes no soportan la desgracia. No porque sean frívolos ni cabezas huecas. La padecen cuando les llega, claro está, seguramente como el que más. Pero están abocados a sacudírsela pronto y sin poner gran empeño, por una especie de incompatibilidad. Está en su naturaleza ser ligeros y risueños y no veo prestigio en el sufrimiento, a diferencia de la mayor parte de la pesada humanidad, y nuestra naturaleza nos da alcance siempre, porque casi nada la puede torcer ni quebrar. Tal vez Luisa era un mecanismo sencillo: lloraba cuando la hacían llorar y reía cuando la hacía reír, y lo uno podía seguir a lo otro sin solución de continuidad, ella respondía al estímulo que tocara. La sencillez no está reñida con la inteligencia, eso además.
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