Seguidores

martes, agosto 19, 2014

Los libros




La mayoría de los libros suponen un paseo más o menos cómodo.
Otros hay que escalarlos.
Los hay en forma de tobogán.
Algunos incluso resbalan como pistas de hielo y requieren de un calzado apropiado para no acabar rompiéndote la crisma.
En otros hay que meterse provisto de un machete afilado para desbrozar el camino salpicado
de excesiva vegetación.
Incluso los hay solo con algún caminante despistado y miles de brújulas abandonadas.
Existen los que conviene rodear como abismos a los que es peligroso asomarse.
Muchos son los que todo el mundo asegura haber recorrido, y sin embargo carecen de huellas.
Algunos son antiguas calzadas erosionadas que aún tienen fuerza para competir con las nuevas autopistas que pretenden hacerles sombra sin éxito.

Mis favoritos son los que tienen limitada la velocidad a 20 km/hora y que están repletos de desvíos
y de piedras con mi nombre en las que sentarme de vez en cuando.
Los que me envían ángeles que me toman de la mano para guiarme sin ser consciente.
Los que me elevan y me posan.
Los que no escatiman en colores ni olores.
Los que dan la vuelta al mundo en unos kilómetros.





1 comentario:

Enrique Tarragó Freixes dijo...

MB, me quedo con eso de ... Existen los que conviene rodear como abismos a los que es peligroso asomarse.