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sábado, marzo 22, 2014

El bulto




Algo se mueve bajo la arena. Un bulto que sobresale entre la uniformidad plana del suelo arenoso, se desplaza unas veces despacio, otras deprisa. La razón indica que la causa de ese movimiento tiene que estar en un ser vivo debido a las trayectorias y ritmos variables. No me atrevo a acercarme para salir de dudas. Sé que con posar la mano sobre su forma podría ser suficiente: con ello notaría posibles latidos, densidades e incluso diferencias de temperatura. A una mala siempre podría ir un paso más allá y cavar sus límites convirtiendo mis manos en dos improvisados cucharones para  sacar a la criatura a la superficie, acabando con el misterio.  La ausencia de plantas u otros obstáculos hace que, de hecho, la inquietante protuberancia sea la dueña y señora del terreno.

-¡Emerge, Emerge, criatura demoníaca!- imploro.
El bulto parece haberme escuchado y se para frente a mí. Una tensa calma se apodera de la situación. En la inmensa playa desierta dos seres se enfrentan en onírico duelo. Una gaviota merodea nuestra posición como única espectadora.

Al intentar incorporarme, el bulto se introduce bajo la arena. Sonrío al descubrir su temor. Absurdo duelo de cobardes, pienso. Vuelvo a recostarme y nuevamente emerge el bulto a escaso metro y medio de mis ojos.

La gaviota acaba posándose sobre el bulto. Éste queda inmóvil. Noto su terror a ser devorado. La gaviota me mira fijamente y, a continuación, lanza un poderoso picotazo sobre el bulto. Dolorido me levanto de un salto con el pulgar de mi pie izquierdo ensangrentado, mientras la gaviota huye despavorida perdiendo gran parte de su plumaje.

1 comentario:

Enrique Tarragó Freixes dijo...

Me ha encantado. Sorprendente, intrigante y ... dramático. Feliz noche.