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martes, octubre 29, 2013

Las visitas II




Al sonar el despertador con la habitación aún a oscuras, me incorporé de la cama y apoyé los pies en el suelo. Bajo el dintel de la puerta me observaba el gato negro. Me sobresalté y golpeé levemente el libro de la mesilla que acabó sobre la baldosa. El felino reaccionó ante el estrépito levantando la garra derecha mientras dos invisibles hilos tiraban de la parte superior del hocico mostrando los colmillos. Me dirigí al cuarto de baño en silencio. El gato cerró la puerta para que las hondas del sonido del agua de la ducha no desvelaran a su pareja. Cruzó el pasillo y la cocina, deteniéndose en el cuarto de la plancha donde ella aún descansaba. La contempló con ternura sintiéndose el animal más afortunado de la creación. Pero una pregunta apagó su éxtasis, derrotándolo: Cuándo podrían dejar de huir.
Con el cuerpo cubierto únicamente por una toalla, chorreando agua y jabón y tras unos minutos asistiendo a esa escena, empecé a comprender.

1 comentario:

Enrique Tarragó Freixes dijo...

Emocionante ... ¿Comprender? - Estos gatos cada vez se parecen más a los hijos de mi amigo Juan.