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viernes, diciembre 02, 2016

Las estrellas fugaces




En un principio los dioses nos crearon sin enfermedades.
Para que no alcanzáramos la inmortalidad como ellos, se limitaron a dejar caer las estrellas sobre la tierra con la misma cadencia que nosotros vertemos una pizca de sal sobre un guiso. De todos es sabido que aunque las estrellas parezcan minúsculos puntos de luz en el cielo nocturno, en realidad cuando llegan a la tierra han aumentado su tamaño alcanzando cerca del metro de diámetro. De este modo los primeros humanos no sufrían largas agonías al abandonar esta vida, pero su incertidumbre era tal que pronto nos convertimos en una especie lánguida y terriblemente aburrida. Ante tal escenario Atenea suplicó a Zeus que sujetara las estrellas a la bóveda nocturna. Zeus accedió a sus deseos y las fue fijando ayudado por Vulcano. Debatieron profusamente sobre cómo mantener nuestra mortalidad e inventaron la enfermedad, que básicamente consistiría en traspasarnos la inconsistencia que previamente caracterizaba a las estrellas.
Para recordarnos esos tiempos remotos, los dioses lanzan algunas estrellas en los meses más cálidos del año para facilitarnos su contemplación.



2 comentarios:

Enrique Tarragó Freixes dijo...

Esos dioses, siempre tan atentos, querido amigo.
Buen post.

mimarzgz dijo...

Siempre dispuestos a ayudarnos. Al fin y al cabo somos sus juguetes predilectos...