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sábado, agosto 22, 2015

La pérdida



Eros ante la muerte de Psique
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En la vida del cuerpo, es la pérdida lo que nos desmiembra. Nuestros corazones se rompen; sangramos, nos herimos, sentimos dolor; quedamos deshechos. La pérdida de un ser querido nos abre como un escalpelo, nos caemos a pedazos, nos sentimos cortados en trozos pequeños. La pena nos paraliza; nuestros cuerpos se sienten extraños y separados; parece que estamos viviendo en un sueño, en otro mundo.
Éstas son las experiencias que no debemos tratar de curar o superar, como si quisiéramos volver a ser las personas que éramos. Al contrario, debemos permitir que las energías profundas que liberan nos transformen. No debemos temer la desintegración de nuestro excesivamente sólido yo; debemos dar la bienvenida a la muerte de nuestro ego heroico. No sólo es la pérdida lo que nos inicia, si se lo permitimos. También lo hace el amor, cuyo requisito previo es esa atención apasionada que coincide con la muerte del egoísmo. El amor es menos fiable que la pérdida para generar esta transformación, porque puede confundirse fácilmente con el apego, el ansia, el deseo, y así puede hacerse irreal sin que lo sepamos. Las razones para nuestro sufrimiento por la pérdida de alguien pueden ser igualmente irreales o engañosas, pero al menos el sufrimiento en sí es real. Un grito de dolor es siempre irreductible.
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El fuego secreto de los filósofos, el cuerpo sutil. Patrick Harpur

1 comentario:

Enrique Tarragó Freixes dijo...

me quedo con ese consejo, mimarzgz, llegar al amor por la muerte del egoísmo de nuestro ego propio.