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sábado, abril 05, 2014

El alma de los relojes




Voy a desvelar un secreto reservado hasta ahora a unos pocos relojeros: el alma de los relojes.

En el momento en el que el artesano da cuerda a la maquinaria por primera vez y observa pacientemente como su obra empieza a latir, un alma de reloj se introduce en sus engranajes. Estas almas pululan a millones por el espacio esperando el momento propicio para ocupar su nuevo hogar. Una vez dentro, animarán los movimientos de los escapes y las oscilaciones de los volantes. No pueden elegir el cuerpo mecánico en el que fijar su residencia, ya que éste podrá variar desde un simple reloj de cuerda, hasta un aristocrático tourbillon.

Lo más curioso de este proceso es el tiempo de permanencia del alma en la máquina:
A diferencia de lo que ocurre en el reino animal -donde ésta ocupa el cuerpo desde la concepción del embrión hasta el fallecimiento-, en los relojes el alma estará obligada a abandonar el artilugio en el mismo instante en el que éste se pare por falta de cuerda o por el agotamiento de la batería. Debido a esta fugacidad, el estrés de las almas de los relojes es máxima. Si el humano desabrocha la correa de un reloj de cuerda y lo deposita en un cajón, el alma es capaz de calcular las horas que le quedan para despedirse. En cambio, si es un reloj de cuarzo, sabe que aún le pueden quedar meses o incluso años de vida, pese a vivir en la oscuridad y rodeado de inútiles cachivaches.

En cuanto el dueño del reloj le dé cuerda nuevamente, o le cambie la pila, otra alma distinta ocupará nuevamente la máquina. Es sin duda uno de los casos de reencarnación más peculiares que se conocen en el universo.



1 comentario:

Enrique Tarragó Freixes dijo...

Curioso, sorprendente e inimaginable, mimarzgz. Gracias.