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sábado, mayo 25, 2013

Comprarle por lo que vale y venderle por lo que cree que vale




Esta semana que da sus últimos coletazos nos ha dejado una entrevista con el expresidente José María Aznar en Antena 3.
Me ha hecho reflexionar sobre el poder, los efectos de la pérdida de éste, la soledad,
la culpa, la venganza y la sobervia. El rictus producido por unas mejillas demasiado pegadas al hueso de la cara y la rigidez de su labio superior acompañaron sus palabras.

Pues bien, la casualidad ha traído a mis manos un cuento que JJ Benitez incluye en su libro Mágica fe y que me ha ayudado a comprender al personaje entrevistado.

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"Ocurrió ayer. Ocurre hoy. Ocurrirá mañana.
Dios, queriendo comprobar el nivel de aceite del motor de sus criaturas, bajó a la tierra.
Eligió un concurrido cruce de caminos y dejó en el suelo una corona de laurel.
Y escondiéndose tras el narrador de este cuento esperó.
El primero en llegar fue el león. Merodeó alrededor del extraño y aromático objeto pero, considerándolo demasiado frágil, lo despreció, alejándose
Al poco, el águila se posaba junto al llamativo verde. Pero convencida de que entorpecería su vista, remontó el vuelo.
La serpiente fue la tercera en descubrirla. Mordisqueó las amargas hojas y, decepcionada, segura de que aquello no alimentaba, reptó hacia la selva, maldiciendo al estúpido círculo.
También el alba, intrigada, se detuvo sobre la corona. Pero comprendiendo que semejante ridiculez deformaría su hermoso y único rostro, continuó persiguiendo al águila.
El viento hizo acto de presencia. sopló sobre el laurel, invitándolo a volar con él. Pero, la descubrir que carecía de alas, pasó de largo, ululando y burlándose de aquella criatura, incapaz de avanzar por sí misma.
Y Dios vio aproximarse al hombre. (Hasta esos momentos su criatura favorita).
El anciano alzó la corona. La estudió detenidamente. Reflexionó y, deduciendo que con aquel apetecible triunfo en las sienes no sería reconocido por sus amigos, la depositó de nuevo sobre el polvo del camino. (Y Dios respiró).
Por último acertó a pasar un segundo hombre. Caminaba pavoneándose, hablando de sí mismo y buscando la sumisión de las demás criaturas.
Y fue a tropezar con la corona, dando de bruces en la tierra.
(Dios frunció el ceño y se puso en lo peor).
Y el necio, haciendo encendidos elogios de su preclara inteligencia, capaz de descubrir un tesoro tan preciado, se adueñó del laurel, coronándose.
Y de vez en cuando se le ve pasar por la Tierra, proclamando sus excelencias y exigiendo veneración. Pero le resto de criaturas-advertido- se mantiene a distancia, riéndose del
"triunfador". Todos -salvo él- saben que el éxito es frágil, que ciega, amarga, deforma, aisla y carece de alas."


JJ Benítez. Extracto del libro Mágica fe.

2 comentarios:

Enrique Tarragó Freixes dijo...

Genial el comentario y genial el texto seleccionado.

Pitt Tristán dijo...

Una formidable reflexión.
Abrazo.