Seguidores

Mostrando entradas con la etiqueta nuestro amigo el topo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta nuestro amigo el topo. Mostrar todas las entradas

sábado, octubre 03, 2015

La ceguera del topo







Lo que desconoce el búho, que observa al topo asomando su naricilla a ras de suelo, es que su ceguera innata no le impide percibir -usando el olfato- sus garras poderosas y su pico enmarcado en su cara redonda y noble.
Lo que desconoce el topo es que el amanecer ha teñido de rojos imposibles el cielo,
que el otoño mordisquea de marrones las puntas de las hojas, aún vivas, mientras una hilera de hormigas escala el robusto tronco de un álamo,
que la guadaña permanece inmóvil sobre la hierva desde el día en el que la granjera parió a su primer hijo, 
que las hadas que habitan el bosque cercano ansían morir para volver a nacer, aunque sea como hijas de granjero.








sábado, agosto 16, 2014

El miedo al silencio





Pese a ser prácticamente ciego, lo que más asusta a nuestro topo es el silencio. Tal es el desasosiego que le causa, que no duda en asomar su cabeza fuera de los túneles quedando expuesto a depredadores. Se diría que el zumbido que producen las alas del búho al abalanzarse sobre él, le excita de tal modo, que espera embriagado hasta el último instante para volver a la madriguera. La alborotada sangre bombeando sus oídos será un buen alimento para calmar su ansia de ruido durante unos minutos; tras los cuales volverá el silencio que tanto le aterra.

domingo, mayo 25, 2014

Sin asomar la cabeza



Hace más de un mes que el topo no asoma la cabeza. Da igual la luna que haya. Tampoco importa el clima. La causa de su falta de exposición a la intemperie hay que buscarla más adentro. Ni siquiera se encuentra en sus dominios subterráneos. Digamos que la lleva consigo allá adonde vaya.

lunes, diciembre 02, 2013

Sorpresa en la galería





Nuestro amigo el topo lleva todo el día recorriendo las interminables galerías subterráneas, buscando sabrosos gusanos con los que alimentarse. Justo cuando se dispone a descansar para digerir la despistada lombriz que acaba de tragarse, se topa de frente con una topa. Le atrae el olor que emana su congénere. No la ve, pero nota un quemazón desconocido entre sus patitas traseras. Todo es agradable. La humedad y la temperatura de la galería es ideal. Su corazón bombea alegre y tiene el estómago lleno. Solo hay un problema; no puede continuar el camino que seguía al tener un obstáculo de su propia especie y esto le preocupa al no saber cómo reaccionar. Es la primera vez en su vida que le pasa. Además no tiene claro que desee avanzar. Mueve la naricilla en rápidos impulsos. ¡Ah, ese olor, ese olor! Teme que la agitación que sufre su estómago fruto de esta novedosa excitación le haga vomitar su presa. No sabe cómo, pero su hocico ya recorre el cuerpo de su compañera tras atravesarle el pelaje y le husmea, placentero, la piel. Ya no sueña nuestro topo en ver las estrellas ni en hacer la digestión. Tan solo huele el fruto de su dicha.



domingo, noviembre 17, 2013

El topo poeta






Ahí le podemos ver de nuevo asomando la cabecita fuera de la madriguera. El señor Topo insiste en arriesgar la vida para poder ver las estrellas en la noche de luna nueva, pese a ser ciego y pese a vivir en el bosque de las cuchillas voladoras. Pertenece a la raza de los topos poetas, casi extinguida por razones obvias.