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sábado, enero 21, 2023

VEINTE LIBROS NECESARIOS Y SUFICIENTES

 Veinte libros necesarios y suficientes


Poema de Gilgamesh    (Anónimo)

Ilíada          ( Homero)

Odisea        (Homero)

Antígona    (Sófocles)

La república    (Platón)

Eneida        (Virgilio)

La divina Comedia    (Dante)

Los ensayos     (Montaigne)

Hamlet        (Shakespeare)

El Quijote     (Miguel de Cervantes)

Libros proféticos      (William Blake)

Cumbres borrascosas    (Emily Bronte)

Hojas de hierva   (Walt Withman)

Los miserables    (Víctor Hugo)

Guerra y paz       (Lev Tolstói)

La Regenta      (Leopoldo Alas Clarín)

Ficciones       (Jorge Luis Borges)

Esperando a Godot    (Samuel Becket)

Gatopardo    (Lampedusa)

Cien años de soledad   (García Márquez)




sábado, julio 16, 2022

El despertar de Martín

 


Todas las mañanas, al despertar, Martín recordaba los años en los que siempre amanecía bajo aquella losa gris, pesada y fría.

La época en la que empezó a notar el vacío abismal insuflado dentro de su caja torácica con la maestría de un soplador de vidrio.

No recordaba el proceso de secado y extracción de sus entrañas, pero estaba seguro de que se produjo en alguna de aquellas noches brumosas tras una tarde de solitaria lectura.

Creyó durante demasiado tiempo que no necesitaba compañía, que prefería la suave brisa sobre su piel a la caricia. Tardó en entender que lo que evitaba era aquella compañía.

domingo, junio 20, 2021

Cuidado con los cordones de las cortinas

 


Nuestra primera visita a la pediatra de mi hija fue provechosa y repleta de consejos fundados en su dilatada experiencia. 

Nos alertó, entre otras cosas, del peligro de los enchufes y los cables sueltos, recomendándonos que gateáramos por el pasillo y las habitaciones para localizarlos y quitarlos de su alcance.

Pero lo que más me estremeció fue el aviso sobre los cordones de las cortinas y el riesgo de ahorcamiento que suponían para los recién llegados. Hace muchos años de esta conversación pero aún recuerdo su mirada al explicárnoslo.

Recuerdo, así mismo,  como me volví hacia mi mujer para decirle que lo primero que haríamos al llegar a casa sería recorrerla a gatas,  recoger todos los cordones y poner a la venta el patíbulo que teníamos en la salita de las visitas.


domingo, mayo 09, 2021

Caballero Bonald (DEP)

 


Algún día no menos improbable que otros, cuando la

petulancia ceda su turno a la apatía, podré saber quién soy. Pero

tal vez entonces ya no quiera saberlo. Para qué voy a querer saberlo

si quizá ese día no haya nadie conmigo que se parezca a mí. ¿En qué

espejo que el tiempo habrá estragado se mirará mi semejante? Sólo

se reconoce quién se olvidó de pronto de sí mismo. Aún convive el recuerdo

enemistado con la historia.


José Manuel Caballero Bonald  11.11.1926   a 09.05.2021

sábado, febrero 13, 2021

El mito de Sísifo



" Todo el gozo silencioso de Sísifo está en eso. Su destino le pertenece. Su roca es su casa. De la misma manera que el hombre absurdo, cuando contempla su tormento, manda callar a todos sus ídolos. En el universo que de pronto ha recobrado su silencio se alzan las mil vocecitas maravilladas de la tierra. Llamadas inconscientes y secretas, invitaciones de todos los rostros, son el reverso necesario y el precio de la victoria. No hay sol sin sombra, y es menester conocer la noche. El hombre absurdo dice sí y su esfuerzo no cesará nunca. Si hay un destino personal, no hay un destino superior o al menos no hay sino uno, que juzga fatal y despreciable. En lo demás, sabe que es dueño de sus días..."

El mito de Sísifo,  Albert Camus

viernes, enero 29, 2021

A cuestas con la pandemia

 


Tantos meses llevando la mascarilla han hecho que esta se nos pegue al corazón.


domingo, diciembre 27, 2020

VIRTUS IN MEDIUM EST

 


Tras largos años de exploración por fin he llegado a "El Medio". Sí, ese lugar donde se cree que está la virtud; es decir, lo bueno.

 Pues bien señores, lamento informarles de que se trata de un lugar deshabitado e inhóspito.






sábado, diciembre 12, 2020

El picor

Descubro súbitamente que un cruel efecto de la enfermedad que aqueja a mi hombro derecho y que le ha ocasionado la pérdida de movilidad es cuando, en medio de la calle, me surge un inoportuno picor en el omoplato izquierdo.  

Al ser anatómicamente imposible acceder a dicho punto, comienzo a maquinar y llego a la conclusión de que la única manera de aliviarme es restregar la espalda contra la pared o algo similar.

Pero la avenida por la que paseo está surcada por multitud de transeúntes. Me planteo, entonces, salir de la misma para adentrarme en alguna callejuela secundaria libre de miradas curiosas. Así lo hago.

Tan solo necesito que termine de pasar una pareja. Ya tengo echada la vista a una farola que pareciera plantada ahí mismo para servirme en tan azarosa situación. Tras varios intentos, descubro, apesadumbrado, que el abrigo amortigua el roce, convirtiendo mi extraño contoneo de apareamiento en algo inútil. Por lo menos la calle sigue vacía. 

Me acerco a un árbol de tronco rugoso que está unos pasos adelante. Me sitúo de espaldas a él y comienzo a frotarme como si fuera un oso pardo marcando territorio con sus feromonas. Con el picor levemente calmado, la honra salvada y el abrigo magullado continúo la marcha en esta luminosa y fresca mañana de diciembre,

sábado, mayo 16, 2020

Matar a Alonso Quijano




Tras una lectura larga y apasionada acabo de terminar hace unos minutos El Quijote.

Ha sido extraño sentir entre mis manos cómo se apagaba la vida de Alonso Quijano, a quién tanto cariño he tomado como a su escudero Sancho Panza. Sancho seguirá vivo entre los suyos y será el Sancho de siempre, ya que él no mutó. Alonso Quijano ha sido durante toda la aventura otra persona: un loco en la percepción de la realidad, pero cuerdo en muchos de sus razonamientos. Al final, irónicamente, Cervantes mata al cuerdo y da vida eterna a Don Quijote de la Mancha.




viernes, mayo 01, 2020

DESDE MI VENTANA (DIARIO DE UNA PANDEMIA) V



Ha pasado ya mucho tiempo. Han pasado muchas muertes. Han pasado millones de aplausos entregados a nuestros sanitarios, que hubieran preferido que se hubieran ido metamorfoseando en EPIS, test, y mascarillas en el camino que les llevaba de nuestras ventanas a sus hospitales.

Han sido días de anhelos.
Cuántos abrazos han caducado en sus envases.
Cuántas aceras sin huellas.

Muchos creímos oír los cascos de la montura del Miedo en noches interminables: ¡ tocotoc, tocotoc tocotoc ! Allá por donde pasaba, arrebataba nuestra soberbia y la guardaba en un saco sin fondo, dejándonos desnudos ante nuestra desamparada fragilidad. Cuántos amaneceres no nos reconocieron.

Ahora, cuando el anticiclón aún se resiste a llegar, vemos los efectos del tsunami: Almas destrozadas,
hijos que han perdido a sus padres sin poder despedirse, mujeres que han perdido a sus compañeros, hombres que han perdido a sus mujeres, padres que no saben si podrán alimentar a sus hijos. El Miedo por fin se atreve a abandonar la noche y cabalga a plena luz del día sobre su negro corcel.
¡ tocotoc, tocotoc, tocotoc !

Las calles reciben hoy regueros de padres paseados por sus hijos de la mano. Nosotros vemos un mundo distinto al que dejamos antes del encierro; un mundo volcado. Ellos disfrutan de la seguridad de nuestra sombra.





viernes, abril 17, 2020

Como si el mar - Emily Dickinson





Como si el mar se retirara
y mostrara un mar más lejano;
y ese, otro aún más lejano;
y el tercero no fuera sino la conjetura

de series de mares
no visitados por las costas;
y estos mismos, el borde de otros mares.
Esto es la eternidad.


Emily Dickinson 1830-1886








domingo, abril 05, 2020

DESDE MI VENTANA (DIARIO DE UNA PANDEMIA) IV



Desde mi ventana observo apoyada sobre la cubierta de un edificio cercano una antena con una altura de cuatro pisos. Su estructura es simple y esquelética. Consta de una larga barra metálica cruzada por otra horizontal de menor tamaño, afianzada la primera a la base por múltiples cables de acero que parten de ella como hilos de plata.

No muy lejos se encuentra la parroquia del barrio: un edificio con forma de ovni construido a principios de los años setenta y que está rematada por una espigada y esquemática Cruz.

Concluyo que El Hombre siempre ha tenido la necesidad de arañar el cielo; en un principio para llamar la atención de su Dios, y actualmente para ver la televisión. En ambos casos, buscando, sin ser conscientes, alejarse de la mirada interior que tanto miedo nos da y nos ha dado siempre. Nos aterra el silencio, la soledad, y por eso buscamos distracciones fuera.

Quizá toda esta calamidad les sirva a algunos para retomar esa búsqueda interior abandonada hace tanto tiempo. Ojalá lo consigáis vosotros y me contéis lo que encontráis dentro de ese abismo interior donde dicen, los que ya estuvieron ahí, que se encuentran todas las respuestas sazonadas por una embriagadora luz y una calma infinita.



domingo, marzo 29, 2020

DESDE MI VENTANA (DIARIO DE UNA PANDEMIA) III


Amanezco con el cambio de hora continuando la lectura del Quijote en una mañana de gloriosa luz:

"En esto, ya comenzaban a gorjear en los árboles mil suertes de pintados pajarillos, y en sus diversos y alegres cantos parecía que daban la norabuena y saludaban a la fresca aurora, que ya por las puertas y balcones del Oriente iba descubriendo la hermosura de su rostro, sacudiendo de sus cabellos un número infinito de líquidas perlas, en cuyo suave licor bañándose las yerbas, parecía asimesmo que ellas brotaban y llovían blanco y menudo aljófar; los sauces destilaban maná sabroso, reíanse las fuentes, murmuraban los arroyos, alegrábanse las selvas y enriquecíanse los prados con su venida."

Capítulo XIV libro II Del Quijote.



lunes, marzo 23, 2020

DESDE MI VENTANA (DIARIO DE UNA PANDEMIA) II




Queda poco para que el cielo se oscurezca. El aire está fresco y limpio. La ausencia de tráfico y una pequeña tormenta han dejado una atmosfera tan limpia que llevo un rato con la ventana abierta intentando acapararla. A escasos ochocientos metros atisbo la fachada del hospital Miguel Servet con historias paralelas detrás de cada ventana.

Esta mañana he caído en la cuenta de que las dos formas de contagio por las que nos llega este virus endiablado son las manos y la boca. Precisamente los dos instrumentos que nos hicieron hombres y que nos separaron del resto de las criaturas. Con las manos -evolución de las patas delanteras-, comenzamos a fabricar las primeras herramientas elevándonos en la escala evolutiva de forma vertiginosa y efectiva. Nuestro cerebro, cada vez de mayor tamaño, empezó a tener necesidad de enseñar y de aprender; y habló y escuchó. El habla se perfeccionó rápidamente y derivó en habilidades  más complejas: emitió órdenes, argumentó y aprendió a pedir. Modeló palabras que acompañaran a las caricias y estas nuevas palabras debían ser suaves y breves, para que los hijos reconocieran a sus madres en la oscuridad de la cueva y los hombres supieran con qué pareja dormir.

Parece como si la Naturaleza decidiera golpear ahora nuestra soberbia con un ejército de microorganismos tapándonos las bocas con mascarillas y las manos con guantes, en una alarde de ironía tan fina y elaborada como cruel.





sábado, marzo 21, 2020

DESDE MI VENTANA (DIARIO DE UNA PANDEMIA) I




Un quinto piso, una pequeña habitación de apenas ocho metros cuadrados, un ventana orientada al Este que me permite escribir a estas horas recibiendo la luz del Sol - ajeno a este desastre-, una cama, un escritorio y libros escoltándome en el solitario acto de la escritura y el multitudinario acto del teletrabajo. Así está siendo mi primera semana de confinamiento.

Asisto al paso de los autobuses urbanos, que ahora circulan desocupados y se me viene a la cabeza la imagen de una fábrica recientemente abandonada en la que se han olvidado de apagar la maquinaria.

El miedo paraliza y nos envía mensajes erróneos. La noche del miércoles me fui a la cama con sospechas infundadas derivadas de una fuerte tos, que finalmente debió tener origen alérgico.

Llevo desde los doce años enganchado a la información de forma compulsiva. En un principio llegaba a ella a través de un pequeño transistor Sanyo de color blanco. En aquellos lejanos días tenías que buscar la información. Actualmente es la información la que te busca a ti. Pese a que soy consciente de que en esta calamidad debería incluir en la cuarentena a los medios, no soy capaz.

Me impresiona el aluvión de WhatsApp que me llegan al móvil a través de los diferentes grupos sociales y familiares a los que pertenezco. Pero no me asombra. Entiendo que en estos tiempos, privados de abrazos, la gente tenga la necesidad de enviar o reenviar memes, vídeos, y otros mensajes y comprobar que van apareciendo emoticonos sonrientes, carcajeantes o, incluso, respuestas más elaboradas. Somos personas y por eso enfermamos y necesitamos la aceptación de los demás.