Seguidores

sábado, septiembre 30, 2017

Pétalos sin tallo

Cualquier calle de París



Pétalos sin tallo

Nada esperáis,
acaso un corto paseo impulsados por una repentina brisa.

Nada deseáis
pues gozáis del sueño completo de los seres privados de consciencia.

Nada teméis,
no sois piedra que soporte una casa
ni mástil que hondee una bandera.

Tampoco vi ningún pintor sentado frente a vuestro dulzor rojo;
otro milagro inútil.



viernes, septiembre 29, 2017

El cielo esperado

Desde la terraza del Museo de Orsay de París




Es porosa la vasija del conocimiento de quien cree saberlo todo.


martes, junio 13, 2017

Aviso sanitario







Las autoridades sanitarias advierten de que el miedo puede ser perjudicial para la salud.





domingo, junio 04, 2017

Consejo para una vida mejor





Cuando os dispongáis a ingerir un alimento, disponeos a hacerlo

con afabilidad. Intentad imaginar cómo nació ese alimento, como 
creció y  llegó hasta tu plato. Saboread pequeñas porciones del 
mismo con deleite. Dejad que se disuelvan en vuestro paladar 
antes de tragarlas. Y, sobre todo, alejad a vuestros demonios de las
cercanías de vuestros platos antes de cada comida.


Soberano acosado por sus súbditos







Los intestinos me están jugando una mala pasada estos días.
Me parece intolerable la insubordinación de estos desagradecidos
con su soberano. Se aprovechan de la absoluta dependencia de ellos
para mi supervivencia, lo que les libra de un justo castigo.



domingo, mayo 21, 2017

¿Arte?

Este cuadro se acaba de subastar por 99 millones de dólares
Si te pillan pintando esto, te caen 100 euros de multa

Repetición








La repetición debería encabezar la tabla de los pecados capitales, ya que supone un desperdicio del bien más escaso del que nos provee la vida: el tiempo.





martes, mayo 09, 2017

Mi epitafio





Cuando muera, quiero que en mi epitafio aparezca este texto:



Murió haciendo lo que más le gustaba: Vivir.





lunes, mayo 08, 2017

Al principio no suele ser amable





El hombre contemporáneo teme, sobre todas las cosas, quedarse a solas
consigo mismo. Ese es el motivo por el que siempre busca actividades para
mantener su mente distraída.

Si estás planchando te pondrás la radio para oír qué te cuentan y evitar de
ese modo escuchar lo tú quieres decirte, pero no te atreves a escuchar.

Si estás tumbado en el sofá de tu salón, encenderás la televisión y, aunque
todas las cadenas emitan programas basura, mantendrás sujeto el mando a
distancia con la misma ansiedad con la que tu consciente rechaza contactar
con tu interior, con tu abismo.

Si viajas sentado en el tranvía, entre una multitud de viajeros que te incomodan
-como tú les incomodas a ellos-, sacarás el móvil y recorrerás infinitud de redes
sociales, que en realidad son vertederos de soledades. Si levantas la vista del
móvil y echas un vistazo fugaz a tu alrededor te verás reflejado en muchos viajeros
que, a modo de avestruces tecnológicas, esconden sus cabezas en la pequeña
pantalla de su smartphone.


Pero si una vez detectado el problema decides ir eliminando esas distracciones 
paulatinamente (en el caso de que tengas la suficiente sabiduría y energía para 
dar ese paso), te prevengo del momento en el que definitivamente acabes 
conversando con tu interior. Entenderás por qué lo evitaste anteriormente 
con tantos artificios. Al principio no suele ser amable contigo.






Arvo Pärt: Frates (for cello and piano) (1989)

martes, mayo 02, 2017

La liturgia de la electrocución







Thomas era un enamorado de la ciencia que vivió en un pequeño pueblo de un gran estado americano en los años en los que la energía eléctrica  comenzó a extenderse por el país como una inmensa mancha de aceite.
Tuvo siete hijos con Margaret a quien conoció sirviendo unos muebles en casa de sus padres, el reverendo y la señora Smith.
Sin ninguna formación superior, Thomas se consideraba un autodidacta por amor a cualquier artilugio  moderno y tenía un pequeño cuarto repleto de esos cachivaches en el sótano de su casa.
Según iban cumpliendo el primer año de vida sometía a sus hijos al "bautizo de la ciencia" como lo llamaba él y que consistía en vigorizarlos sometiéndoles al embate de la corriente eléctrica. Se trataba  de "bautizos" diferentes, lógicamente sin invitados, ni regalos, ni opíparas viandas: solo la silla de madera, las correas, los hierros anillados a los dedos de ambas manos, el interruptor con forma de estribo, la falta de aliento, las convulsiones y el abrazo final. La liturgia de la electrocución se repetiría una vez al mes hasta que alcanzaran la mayoría de edad.
De los siete hijos únicamente le sobrevivieron hasta esa onomástica tres vástagos. A Thomas se le podía ver por el pueblo presumiendo de hijos. "Ni un catarro me han cogido, ni una enfermedad en toda su vida gracias a los milagros de la ciencia".





lunes, mayo 01, 2017

Philip Glass - Etudes 1-10

EL FUEGO DEL INFIERNO




Es mayoritaria la opinión de los que piensan que el fuego del infierno tiene como función la de causar tormento en las almas pecadoras, es decir rebeldes. 
Los menos, consideran que su misión es la de purificarlas.
Yo pienso, sin embargo, que puede tener el efecto de la fragua sobre el acero y concedernos la dureza que nos ayude en momentos de fatiga existencial. 

¡Bienaventurados los que regresaron, aún vivos, del infierno!

sábado, diciembre 03, 2016

La mirada del poeta





Es recomendable que la mirada del poeta esquive la realidad, o que la use solo como despensa o silla en la que descansar, ya que, lo que así consideramos, no es más que engatusamiento de los sentidos.






viernes, diciembre 02, 2016

Las estrellas fugaces




En un principio los dioses nos crearon sin enfermedades.
Para que no alcanzáramos la inmortalidad como ellos, se limitaron a dejar caer las estrellas sobre la tierra con la misma cadencia que nosotros vertemos una pizca de sal sobre un guiso. De todos es sabido que aunque las estrellas parezcan minúsculos puntos de luz en el cielo nocturno, en realidad cuando llegan a la tierra han aumentado su tamaño alcanzando cerca del metro de diámetro. De este modo los primeros humanos no sufrían largas agonías al abandonar esta vida, pero su incertidumbre era tal que pronto nos convertimos en una especie lánguida y terriblemente aburrida. Ante tal escenario Atenea suplicó a Zeus que sujetara las estrellas a la bóveda nocturna. Zeus accedió a sus deseos y las fue fijando ayudado por Vulcano. Debatieron profusamente sobre cómo mantener nuestra mortalidad e inventaron la enfermedad, que básicamente consistiría en traspasarnos la inconsistencia que previamente caracterizaba a las estrellas.
Para recordarnos esos tiempos remotos, los dioses lanzan algunas estrellas en los meses más cálidos del año para facilitarnos su contemplación.



domingo, noviembre 20, 2016

En mi vejez doy las gracias, W. Whitman

Walt Whitman 1819-1892 



En mi vejez doy las gracias; gracias antes de partir;
por la salud, el sol del mediodía, el aire impalpable, por la vida,
por el mero hecho de vivir;
por los preciosos e inextinguibles recuerdos (de ti, querida madre; de ti, padre; de vosotros, hermanos, hermanas, amigos); por todos mis días, no sólo los vividos en paz, sino también los días de guerra;
por las palabras cordiales, las caricias, los dones de otras tierras; por darme albergue, vino y alimento; por la amable estima
(vosotros, bienamados lectores, lejanos, nebulosos, desconocidos, jóvenes o viejos, innumerables, indeterminados; nunca nos hemos conocido, y nunca nos conoceremos, pero nuestras almas están fundidas en un largo y estrecho abrazo);
por los seres, los grupos, el amor, las acciones y las palabras, los libros, por los colores y las formas;
por los valientes, hombres fuertes, abnegados, que han acudido con prontitud en auxilio de la libertad, en todas épocas, en todas las naciones,
y por aquellos aún más valientes, fuertes y abnegados (un laurel especial, antes de partir, para los elegidos en la guerra de la vida, los servidores del cañón del canto y del pensamiento, los grandes artilleros, los líderes supremo, capitanes del alma):
como un soldado que ha vuelto de una guerra concluida, como un viajero entre miríadas de viajeros, que recuerda la larga procesión,
doy las gracias, ¡gracias regocijadas!, las gracias de un soldado, de un viajero.

En mi vejez doy las gracias, Horas de un septuagenario, Hojas de hierba, Walt Whitman




Walt Whitman: poeta de eternidad.

domingo, noviembre 13, 2016

Cosidos al vacío




Nacemos cosidos al vacío.

Crecemos entre telares de algodón
atendidos por hilanderas
de caras y senos redondos
cuyas fragancias nos adormecen
e impiden que veamos las delicadas costuras
que nos recorren las plantas de los pies.


Despertamos a un hambre nuevo
recorremos cinturas
palpamos gozosos
recibimos alientos
nuestros saltos son inverosímiles
¡somos dioses
por primera y última vez
somos dioses!
dioses dactilares
inmortales
felices
engendradores
y generosos.

Maduramos con el primer crujido de la tejedora
disipador de rostros amables
imán de óxidos tempranos.

Un día nos tira la vieja sutura ya olvidada
bajo los talones cosidos al abismo
donde palpitan decenas de corazones;
y el hilo despierta
y recorre de puntadas la piel
los huesos
las vísceras
y los ojos.

Desaparecemos sumisos
enhebrados por la Dama
zurcidora de nuestra piel vuelta
y desalojada.