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viernes, marzo 25, 2016
Pregunta práctica
Si en las ciudades contamos ovejas para poder conciliar el sueño...
.... ¿qué hacen en los pueblos para conseguir dormirse?
martes, marzo 22, 2016
viernes, marzo 11, 2016
martes, marzo 08, 2016
Mi tatarabuelo Timoteo
Recuerdo, como si se tratase de un sueño, la primera y última vez que visité a mi tatarabuelo Timoteo. Yo era un niño de nueve años y él cumplía los ciento veinticinco. Con ocasión de esa efeméride nos reunimos gran parte de la familia en el pueblo donde había transcurrido toda su vida. Enviudó a una edad lógica y desde entonces lo cuidaba una sobrina-nieta, ya que no le vivía ningún hijo y los nietos y bisnietos salieron del pueblo cuando aún creían en las promesas de la ciudad que llegaban con los muleros, traperos y otras visitas.
En el camino mi padre me contó que Timoteo había nacido en la casa en la que iba a morir. Que no conocía la televisión, ni ningún otro electrodoméstico. Que ni siquiera se puso la luz cuando ésta llegó al pueblo. Nos contó -yo entonces no le entendí- que cuando murió su mujer la dejó marchar con resignación; como si se apeara de un tren al llegar a su estación, mientras él aún debía seguir el viaje a un lejano y desconocido destino.
La casa era de abobe y la levantó junto a sus padres tutelados por el albañil del pueblo aprovechando la estructura de un corral abandonado. Toda la familia, salvo mis primos Jaime y Raúl que corrían por el dormitorio del segundo piso, estaba en la cocina rodeando al homenajeado. Yo iba escrutando las paredes, el suelo, el espejo, y el resto de los muebles con la avidez de un antropólogo. Cuando llegué al dormitorio me sorprendió el tipo de cama que presidía la habitación, fabricada con una madera oscura sin ningún adorno y de una altura increíble. Se me fue la vista al viejo crucifijo al que se aferraba una araña patilarga y culicorta con el ansia de una beata. En ese momento, Jaime tropezó con una pata de la cama desgajándola. Pasado el susto, nos dimos cuenta de que la cama mantenía la horizontalidad pese a la pérdida de uno de sus cuatro soportes. Mis primos decidieron forzar la situación y arrancaron la otra pata delantera, pero la cama siguió manteniendo la misma horizontalidad. Colaboré hasta dejar la cama sin sus cuatro patas, a pesar de lo cual ésta quedó levitando sobre el suelo embaldosado. Desguazamos los dos arcos sobre los que se sostenía la vieja mecedora, sin conseguir que cesara su balanceo pendular. Arrancamos el clavo que sostenía el crucifijo, pero éste no cayó. Abrimos, no sin esfuerzo, el ventanuco oxidado, pero no entraron ni el aire, ni la luz del exterior. Un miedo desconocido se apoderó de los tres y nos impulsó fuera de la habitación en dirección a la cocina en busca de la protección paterna.
Sorprendentemente nadie nos regañó nunca por las tropelías perpetradas en aquel dormitorio centenario. Prometimos llevarnos el secreto a la tumba, por lo que ruego a quien lea este relato que lo olvide al llegar al punto final que verá a continuación.
lunes, febrero 29, 2016
Biografía del silencio
"Estamos tan lamentablemente apegados a nuestros puntos de vista que si pudiéramos vernos con cierta objetividad sentiríamos vergüenza y hasta compasión por nosotros mismos. El mundo tiene graves problemas por resolver y el ser humano está, por lo general, embebido por problemas minúsculos que ponen de manifiesto su cortedad de miras y su incorregible mezquindad"
Pablo d'Ors
sábado, febrero 27, 2016
viernes, febrero 12, 2016
Desnudarse del todo
Isabel llegó a casa después de un día de duro trabajo. Estaba fatigada y le pesaban los ojos. Al entrar en su apartamento colgó el abrigo en la percha del recibidor. Continuó hasta el dormitorio donde se quitó la blusa y los pantalones pitillo que había estrenado precisamente esa mañana. Se recostó en la cama vestida únicamente con las bragas. Sonrió al ver que de su mano colgaba el sujetador y lo dejó caer al suelo. Su piel fue apoderándose de la colcha, pero no conseguía calmarse. Sentía un molesto zumbido como el de su coche cuando lo aparcaba en un tórrido día de verano y el ventilador seguía trabajando debajo del capó pese a estar el motor apagado. Se puso de lado, boca arriba, boca abajo, del otro lado. Nada.
Se dio una ducha para refrescarse y se colocó frente al espejo. Como aún notaba cierta ansiedad y ya no tenía ninguna prenda de la que deshacerse, decidió prescindir de los complejos. Se los fue arrancando de la piel uno a uno y dejando las tiras sobre el lavabo. Al cabo de un rato recogió el montón y lo tiró por el water. Luego pensó que sería una buena idea acabar con sus adicciones. Las encontró tras las orejas y en las ingles. Esta vez empleó una toallita húmeda para retirarlas. Eliminar los miedos fue el siguiente objetivo, pero por más que los buscaba no los hallaba. Notaba sus efectos opresivos sobre el tórax, pero no los veía. Al final, palpándose un pecho notó un anillo muy fino que rodeaba sus mamas y lo retiró con sumo cuidado. En pleno frenesí, pensó en deshacerse de sus deseos. Para ello usó un algodón desmaquillante y lo fue untando en el espacio entre los labios y los dientes. Siguió con las ideas, los proyectos y los recuerdos, estos últimos enredados entre su hermosa melena rubia.
Volvió al dormitorio, abrió la ventana y se acostó. El aire le acercó el trino de los pájaros y el rumor de hojas y ramas. Esa noche no cenó. Durmió profundamente como el bebé que fue y al que ya había olvidado.
domingo, febrero 07, 2016
La tableta de chocolate
Cuando el niño alcanzó finalmente la tableta de chocolate que su madre había escondido en la parte superior del armario de la cocina, esbozó una sonrisa victoriosa y se encerró en su habitación.
Cuando la madre vio los restos del envoltorio repartidos por la mesa y el suelo y la banqueta fuera de su lugar, esbozó una sonrisa bondadosa mientras decidía cuantos minutos le dejaría a solas con su sabroso trofeo antes de intervenírselo.
Cuando la niña escuchó las quejas de su hermano y lo vio refunfuñar con la boca pringada de chocolate, esbozó una sonrisa y lo llevó ante un espejo para que comprobase el aspecto tan ridículo que tenía.
viernes, enero 15, 2016
jueves, diciembre 31, 2015
viernes, diciembre 25, 2015
El hombre devorado
En el intrincado y variado mundo de los sueños, a veces, aparece uno que destaca sobre los demás, que nos suele despertar y al que le damos vueltas un buen rato buscándole una explicación.Pues bien, esta Nochebuena, me he despertado con este breve sueño:
Un hombre era devorado por una jauría de lobos dentro del agua. El cuerpo estaba suspendido en el líquido elemento mientras recibía las embestidas furiosas de las fauces de las bestias. Yo observaba esa escena en una pantalla de televisión y me asqueaba de tal modo que intentaba cambiar de canal con el mando a distancia, pero era en vano ya que en todas las cadenas emitían la misma escena.
Las potentes imágenes me transportaron inmediatamente al confort de la vigilia en la que intenté buscar una interpretación. A diferencia de otras ocasiones en las que la búsqueda es inútil o tarda mucho tiempo en dar sus frutos, esta vez la respuesta llegó inmediatamente:
El hombre que muere en el agua no es otro que Jesús que es devorado por nosotros, los hombres.Los cristianos celebramos ese sacramento al que llamamos comunión. Lo más curioso del caso es que he tenido el sueño(o él me ha tenido a mí) precisamente la noche en la que celebramos su nacimiento.
Tengo que aclarar que no soy un cristiano practicante. Tan solo lo soy de nacimiento y educación, lo que añade aún más misterio al sueño.
sábado, diciembre 19, 2015
El aprendizaje de escritor
"Este es una especie de misterio central: cómo se escriben mis poemas. Puedo estar caminando por la calle o subiendo y bajando las escaleras de la Biblioteca Nacional y, de pronto, siento que algo va a ocurrir. Y luego surge algo, que puede ser un cuento o puede ser un poema, ya sea en verso libre o en alguna forma cerrada. Lo importante en este punto es no falsear. Debemos, a fin de no ser ambiciosos, dejar que el Espíritu Santo o la musa o el inconsciente -si prefieren la mitología moderna- hagan lo suyo con nosotros. Ya que cuando yo escribo algo, tengo la sensación de que ese algo preexiste. Pero no tengo la sensación de inventarlo; las cosas son así. Son así, pero están escondidas y mi deber de poeta es encontrarlas. Por eso, en el debido momento, si no me he estado engañando, me será dad una línea, o quizá alguna vaga noción -acaso una imagen- de un poema, todavía lejano. A veces, apenas puedo descifrarlo; luego esa forma borrosa, esa vaga nube, cobra forma, y entonces oigo mi voz interna que me dice algo. Desde el ritmo de lo primero que oigo, eso me deja sospechar si voy a escribir un poema blanco o un soneto. Esta es una forma de hacerlo.
....
Quien es un poeta lo es siempre, y se ve asaltado por la poesía continuamente. Yo no creo que un poeta pueda sentarse deliberadamente a escribir. Si lo hiciera, nada que valga la pena puede resultar de eso. Yo hago lo posible por resistir esa tentación. ¡En ocasiones me pregunto cómo he llegado a escribir varios poemarios! Sin embargo, yo dejo que los poetas insistan, y a veces son tan obstinados y tenaces que consiguen abrirse camino conmigo. Es entonces que pienso: si no escribo esto, seguirá insistiendo y preocupándome; lo mejor que puedo hacer es escribirlo. Una vez escrito, sigo el consejo de Horacio y lo hago a un lado por una semana o diez días. Y luego, por supuesto, descubro que he cometido muchos errores flagrantes, de modo que los pulo. Luego de tres o cuatro intentos, me doy cuenta de que no puedo hacerlo mejor y que cualquier variación podría arruinarlo. Es, pues, entonces que lo publico."
jueves, diciembre 17, 2015
En todo me faltas
Del estéril intento de escribir un poema sobre el duelo por la muerte de mi madre, solo debo rescatar la siguiente reflexión:
Todas las madres provocan el llanto en sus hijos en los dos momentos en que se separan de ellos, el parto y la muerte.
martes, noviembre 24, 2015
Basura genética - Luis Alberto de Cuenca

BASURA GENÉTICA
Durante tres milenios los tipos más valiosos,
más fuertes y más listos de la especie
-la flor y nata de la juventud-
se fueron a la guerra
y murieron sin gloria
en los remotos campos de batalla,
mientras que los enfermos y los débiles,
los corruptos y los cobardes
se quedaban en casa y se reproducían.
De ahí venimos nosotros.
Llevamos tres milenios perdiendo a los mejores
para que los inútiles
salven la vida y sigan engendrando.
Por eso somos todos,
treinta siglos después,
lo peor de cada tribu:
desperdicios, basura irreciclable.
Cuaderno de vacaciones, Luis Alberto de Cuenca
domingo, noviembre 22, 2015
Silencio para curar el alma-Pablo d'Ors
El silencio es el espejo de lo que somos y lo que somos no nos gusta. Por eso huimos de ello. El hombre no solo es verdad, belleza y bien, es codicia, ambición y vanidad. Esas sombras nos constituyen. La verdadera vida está detrás de lo que nosotros llamamos vida. Pararse, callar, escuchar y mirar.
Pablo d'Ors. Extracto de la entrevista concedida al diario El Pais
sábado, noviembre 21, 2015
El pincel y el lienzo
Cae la lluvia sobre la hilera de plátanos teñidos de ocres
frente a mi ventana y adorna la calle con reflejos de espejo. La brisa mece las
copas de los árboles y les arrebata unas hojas que inicialmente saltan
disparadas hacia arriba para ir cayendo después en un movimiento pendular. Las más expuestas al barrido del aire -por ocupar la cúspide de las ramas- se
agitan con nerviosismo: parecen reclamar el destino de sus compañeras. El
edificio que se eleva tras los árboles, las hojas y las calles es de ladrillos
color beige. Observo que no todos los ladrillos de la fachada han recibido del
mismo modo las gotas de agua, ya que mientras unos mantienen invariable su
color habitual, otros han oscurecido ostensiblemente.
La lluvia ha cesado. Las nubes se repliegan arrastradas por
el aire. En su huida se desprenden trozos que semejan pequeñas islas rodeadas
de un intenso azul. La luz se apodera del barrio aún adormilado. El Sol es tan
intenso que me obliga a bajar la mirada y calienta mi frente. Se abren círculos
blancos en las paredes. Diminutas semillas blancas cruzan mi ventana con el
único destino de recoger la luz y proyectarla hacia mis ojos. Dos gorriones juegan
a perseguirse a lo lejos: sus lomos plateados.
Etiquetas: mi poesía
mis fotos,
precaución pienso
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