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domingo, agosto 25, 2013
El llanto de mi amada - Marco Valerio Marcial
XIV
Una horrible calamidad le ha sobrevenido, Aulo, a mi chica: ha perdido su juguete y sus delicias. No como las que lloró la amiga del tierno Catulo, Lesbia, privada de las travesuras de su gorrión, o como las que lloró Jantis, cantada por mi Estela, cuya negra paloma vuela en el Elíseo. Mi bien amada no se deja llevar por niñerías ni por costumbres semejantes y el corazón de mi dueña no lo conmueven daños como ésos: ha perdido a un esclavo que contaba veinte años y que aún no tenía un pene sesquipedal.
Epigrama XIV del libro VII de los Epigramas de Marco Valerio Marcial. (40-104 dc)
sábado, agosto 24, 2013
Rendición
Tiene los viejos ojos vueltos para dentro
cansados de tanto mirar hacia afuera.
Sus párpados cabalgan sobre dos camellos
irradiando exclamaciones.
Nadie osará retirar el celofán adherido a sus pupilas.
Nadie negará la bondad que se oculta resignada,
rendida en la batalla.
Luna llena sobre la playa
lunes, agosto 19, 2013
Antes de irme unos días...
Antes de irme unos días a la playa, os acerco unos pensamientos que he escuchado recientemente:
"Después de viajar durante muchos años por todo el mundo, creo que el hombre en todos los lugares siempre quiere lo mismo: follar, comer y reír."
Mikel Silvestre (viajero y escritor)
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"La libertad es el valor supremo del hombre."
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"La justicia es la principal virtud del hombre."
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jueves, agosto 15, 2013
Diez infructuosos minutos.
Javier decidió sentarse frente al ordenador. Hacía días que no se le ocurría ninguna historia que contar.
Javier sabe que él no manda sobre sus relatos, ya que son ellos los que llaman a su puerta, o le susurran a los oídos, o se pasean frente a sus ojos. Esto es algo que le martiriza, pues le obliga a estar atento a las señales que recibe y le esclaviza a ellas. Más de una vez se ha visto en un semáforo a punto de cruzar la calle, sacando el móvil y escribiendo unas pocas palabras que le recordaran que esa noche en la paz de su habitación, debía convertir ese fogonazo en un cuento.
A Javier le gusta tratar a las palabras como un alfarero cuando moldea la arcilla. Emplea todos los dedos de las manos, se inclina sobre la masa para escucharla, para sentirla en sus volúmenes y notar sus densidades, mientras hace girar el torno para darle a su creación la velocidad justa dependiendo de la complejidad de la pieza. Javier nunca se levanta del ordenador sin haber terminado el cuento. Una vez concluido no le gusta retocar, ni añadir ni quitar nada, ya que se fía de su intuición al pensar que él es un mero transmisor, un simple intérprete.
Cuando se trata de escribir un poema, la dinámica es radicalmente distinta. Se tumba en la cama con el cuaderno de espiral y el lapicero y escribe, tacha, mueve las palabras, cambia el orden de los versos; a veces la hoja parece el mapa de un tesoro. En este trance suele necesitar la compañía de la música. Ésta le inspira y acaba influyendo en la sonoridad final de sus poemas. Los versos de Javier suelen contar historias. A Javier no le gusta describir el aroma de una flor o el color de un crepúsculo; para esto recomienda acudir a un invernadero o asomarse a la ventana. Le interesa más lo que no se ve.
Tras diez minutos de infructuosos intentos, en los que la pantalla seguía incólume, Javier optó por apagar el ordenador.
Etiquetas: mi poesía
mis microrrelatos,
precaución pienso
viernes, agosto 09, 2013
sábado, agosto 03, 2013
Caza de conejos - Mario Levrero (1940 - 2004)
Este verano he descubierto un escritor inclasificable. Quizá por eso se incluyó a Mario Levrero en el grupo de escritores uruguayos denominado: los raros.He degustado su libro Caza de conejos; un conjunto de microrrelatos en los que de una forma irreverente, surrealista, cómica, sarcástica, absurda y sádica nos explica la relación entre unos cazadores con los conejos, sus presas. ¿O son los conejos los que cazan a los hombres? Todo está enmarañado en este sorprendente libro que os recomiendo.
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Capítulo XIII
El conejo en celo desprende un aroma muy tenue que solo es percibido por el finísimo olfato de los cazadores. Llegan de todas partes, siguiendo este aroma de forma inconsciente y compulsiva; no saben adónde van, ni por qué van. El conejo espera entre matorrales. Cuando el cazador se aproxima, el conejo tensa los músculos y se prepara para el salto. El cazador no ve esos ojos rojos, astutos, brillantes, pendientes de sus menores movimientos. Cuando está muy cerca, el conejo en celo salta, dejando escapar un espantoso rugido que hace estremecer el bosque. El cazador, tomado por sorpresa queda paralizado y no atina a defenderse. De todos modos, la lucha sería desigual: un par de rápidos manotazos, una dentellada certera, y el conejo se aleja arrastrando un cadáver flojo y sangrante, que será una fiesta para los hambrientos conejitos.
miércoles, julio 31, 2013
Charlas de café
lunes, julio 29, 2013
domingo, julio 28, 2013
Cortejo final
En una playa cuya ubicación no desvelaré para evitar que hordas de curiosos saturen sus blancas arenas, todos los años se produce un extraño cortejo nupcial.
Al llegar la noche, centenares de medusas se acercan a la orilla iluminadas por el plenilunio. Mueven sus faldones excitadas en lo que, saben, será una noche de amor. Cobijados bajo las rocas cercanas, un grupo de jóvenes erizos de mar olisquean temblorosos el veneno de sus amantes. Llegado el momento se sueltan y se aproximan a la mancha fluorescente. La imposible cúpula no desanima a las incompatibles parejas que se ensartan y envenenan mutuamente en la mayor orgía fúnebre de la naturaleza. A los pocos minutos cesan los chapoteos, desaparecen los brillos bajo el agua y todo vuelve a la calma.
Las gaviotas devoran los restos al amanecer para borrar las pruebas de tanto sinsentido.
Polina Semionova
Esta semana se ha cumplido el noveno cumpleaños de este blog y para celebrarlo
traigo de nuevo a Polina Semionova para disfrute de mis pacientes seguidores.
sábado, julio 27, 2013
El reloj de cuco
El cuco se asomó a la buhardilla del reloj de madera y cantó dos veces. No le di más importancia ya que eran las dos de la tarde, tengo un reloj de cuco en mi biblioteca y me gusta la rutina.
Sin embargo, en el momento en el que volví a posar la vista en la novela que tenía entre las manos, algo golpeó mi cabeza con tal fuerza que perdí el conocimiento. Desconozco el tiempo que permanecí en ese estado de stand by forzoso. Lo que no olvidaré nunca es lo que sucedió al recobrar la consciencia.
Sobre mi entrepierna, ahora liberada completamente de ropa, estaba el cuco observándome directamente a los ojos. Intenté retirarle instintivamente de un manotazo, cuando me apercibí de que tenía las muñecas y los tobillos atados con sendas cuerdas.
Cada pata se apoyaba sobre uno de mis testículos y sus uñas ejercían la fuerza de tres ganchos afilados representando una seria amenaza de desgarro.
Tras cerciorarse de que ya era consciente de mi comprometido estado, el cuco abrió el pico y sólo pronunció una orden breve pero clara.
- Ahora canta tú.
Inicié torpemente el "O Sole Mío" , pero al notar tres pinchazos en mi testículo izquierdo, entendí instantáneamente lo que quería decir el cuco al ordenarme cantar. Así que empecé a dar las horas tutelado por mi inesperado profesor de canto.
-Cucu cucu.
- Ahora las dos.
-Cucu cucu, cucu cucu.
-Muy mal, deja de gimotear y entona mejor -exclamó arañándome el escroto.
Fui consciente de que mi salud reproductora dependía de la rapidez con la que llegara a dominar esta compleja especialidad sonora; por lo que durante las dos siguientes horas me comporté como un alumno aplicado. Avancé rápidamente, tanto que creí percibir señales de aprobación en sus ojillos amarillos.
Cuando más animado estaba volví a ser golpeado sin contemplaciones desvaneciéndome nuevamente. Al despertar noté mis manos y pies libres de sus ataduras, el reloj de cuco convertido en una amasijo de escombros, la ventana abierta y ni rastro de mi profesor de canto.
Mi vida ha cambiado desde ese día. En la oficina mis compañeros no se acostumbran a que les anuncie la hora con mi singular estilo canoro; por no hablar de que mis citas amorosas fracasan invariablemente si duran más de una hora. Pero lo peor de todo es que echo de menos la excitante sensación de las garras del cuco sobre mis partes pudendas. Mi psiquiatra no me cree. Lo noto.
jueves, julio 25, 2013
Solidaridad
martes, julio 23, 2013
Recorrer nuestras huellas
| Huellas fósiles de Anoplotherium en Abiego,( Huesca ) |
Javier soñó con una leyenda. Dicha leyenda se desarrollaba en un lugar indeterminado de Europa en una época remota. Desde la impersonal y poco comprometedora perspectiva del soñador frente al nebuloso acontecimiento, Javier asistía a un extraño funeral.
Sobre una losa de piedra yacía el cuerpo del finado y, rodeándole, los que parecían ser sus familiares, vestían unas sencillas túnicas blancas. El cuerpo pertenecía a un varón joven que apenas había tenido oportunidad de adentrarse en los sinsabores de la pubertad. A la derecha del rostro se podía ver una vasija de barro rellena de un líquido de color ocre y junto a ella un chamán con la cara oscurecida portaba una capa fabricada con pieles de lobo. Tomó entre sus dos manos la vasija y la alzó sobre las cabezas de los asistentes. Esta debía ser la señal, ya que al verla los familiares ocuparon los lugares asignados junto al cadáver: la madre le sujetó la cabeza con firmeza; el padre, la muñeca derecha; y los tres hermanos, el resto de las extremidades.
Una vez consiguió verter todo el brebaje entre sus azulados labios, pasaron unos minutos en los que el silencio se apoderó de la colina. Javier creyó estar presenciando el final de la ceremonia. En ese momento el cuerpo comenzó a agitarse y ha convulsionar con tal ímpetu que apenas podía ser sujetado por sus familiares. El chamán comenzó a gritarle unas órdenes directamente al oído que eran repetidas por todos los presentes. El alboroto que se formó alteró aún más el estado epiléptico del cuerpo que parecía haber retornado a la vida terrenal.
Fue entonces cuando Javier, que hasta entonces contemplaba el espectáculo desde la comodidad de un espectador, vio con terror como una mancha emergía de la losa ceremonial y se aproximaba velozmente hasta parar bruscamente frente a él. La etérea mancha se concentró formando una faz adolescente que observaba con una mueca de extrañeza a Javier a un metro de distancia. Habló una extraña lengua que, sin embargo, Javier comprendió: - Antes de emprender el viaje definitivo, debía recordar los momentos fundamentales de su vida, sus errores y aciertos y escuchar los consejos emitidos por el chamán y coreados por familiares y personas principales de la tribu -.
Al amarillear el horizonte con las primeras luces del día, el cuerpo dio un último latido y la mancha entró por la boca, que fue sellada con ternura por su madre.
Javier despertó en el momento en el que la suya subía las persianas del dormitorio.
Un libro...
"Un libro abierto es un cerebro que habla; cerrado, un amigo que espera; olvidado, un alma que perdona; destruido, un corazón que llora."
Proverbio hindú.
miércoles, julio 17, 2013
POEMA 254 - EMILY DICKINSON
![]() |
| Emily Dickinson 1830-1886 |
"La esperanza" es esa cosa con plumas
que se posa en el alma
y canta una canción sin letra
y nunca, nunca se calla.
Y más dulce suena el temporal,
y fuerte debe ser la tormenta
que pueda acallar al pajarillo
que a tantos consuela.
Lo he oído en las tierras más frías
y en los más exóticos mares,
aunque jamás me pidió una migaja,
ni en las mayores adversidades.
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Emily Dickinson se auto recluyó en la casa de sus padres,
una familia acomodada de principios del siglo XIX. Apenas publicó ningún poema
en vida. La imaginación sobrevoló los territorios vedados a sus pasos. Pero
leamos lo que dijo Borges de esta magnífica poeta estadounidense:
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