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jueves, noviembre 19, 2009

CÓMO TAPAR

Cómo tapar la sima que me has abierto.
Cómo sellar el pozo salpicado de tus ecos.
Cómo asfaltar las heridas supurantes.
Cómo llenar el vacío de tu silencio sideral.
Con arenas del sáhara
cantos rodados
basuras urbanas
toallas mojadas
huesos de caballo
lágrimas heladas
botellas de cerveza
noches de insomnio
hilo de coser corazones
dedales comestibles
arañas fosilizadas
diamantes opacos.
Pero sobre todo con tiempo.
@el grito en el cielo

martes, noviembre 17, 2009

LOS PIES


Hoy he ido a mi trabajo caminando. Son veinte
minutos de paseo que he aprovechado para
observar los pies de las personas que me cruzaba.

De la contemplación de dichas extremidades, he
formado una rápida clasificación dependiendo de
su disposición; encontrando tres tipos de viandantes:
los que caminan con los dos pies paralelos, los que
meten las puntas hacia adentro y los que las abren
hacia el exterior (forma de pato). Desde un punto de
vista muy subjetivo, debo decir que me han desagradado
estos últimos. En cambio, he sentido cierta atracción
por los que metían algún pie.
Luego, también he notado cierta diferencia a la
hora de efectuar el acto de andar. En unos casos
he visto como se ejercía un claro movimiento
de elevación de la punta, con un efecto mecedora,
que dejaba vislumbrar una personalidad activa.
En cambio, otras personas se limitaban a arrastrar
los pies. Y por último, están los que andan con los
talones, emulando el paso marcial.
En cuanto a la indumentaria con la que los cubrimos,
(también llamada zapatos) la variedad es total; aunque
he comprobado que dominan los calzados cómodos.
Creo que esta tendencia hacia la comodidad se ha
impuesto en toda la moda, de lo cual me alegro.

Como mañana volveré a acudir caminando a ganarme
el sustento, he decidido que estudiaré las expresiones
faciales de mis conciudadanos. Ya os contaré...

EN LA GRUTA DEL REY DE LA MONTAÑA

Interesante adaptación de una pieza clásica de Eduard Grieg, por
parte del grupo Heavy, Apocalyptica.


domingo, noviembre 15, 2009

EL PINTOR



Por fin he encontrado a un pintor que se
digna a explicarme el significado de los trazos
de un cuadro abstracto:

El naranja es un árbol.
El borrón negro de la derecha es una araña.
Las rayas de abajo son una hormiga.
Y el lapicero de arriba es agua.

Mi premio a su amabilidad ha sido una porción
de chocolate, que ha devorado con rapidez, como
corresponde a su edad de tres años.



sábado, noviembre 14, 2009

¿CREO EN DIOS?

A veces me desayuno con esta pregunta. En otras ocasiones
me asalta conduciendo. Incluso me ha acompañado apagando
la luz de la mesilla de noche. Es una duda que se ha
incorporado a mi vida como si de un hijo se tratase,
y me reclama mi tiempo.

Hoy he encontrado un texto de Mario Benedetti de su novela
La tregua que, creo, viene a propósito de lo dicho anteriormente:


....Francamente, no sé si creo en Dios. A veces imagino que,
en el caso de que Dios exista, no habría de disgustarle esta
duda. En realidad, los elementos que él (o Él) mismo nos ha dado
(raciocinio, sensibilidad, intuición) no son en absoluto suficientes
como para garantizarnos ni su existencia ni su no existencia.
Gracias a una corazonada, puedo creer en Dios y acertar,
o no creer en Dios y también acertar. ¿Entonces? Acaso Dios
tenga rostro de croupier y yo sólo sea un pobre diablo que juega
a rojo cuando sale negro, y viceversa."

JIMMI HENDRITX

domingo, noviembre 08, 2009

JULIA Y EL EXTRAÑO PUNTO EN EL CIELO



Hola a todos. Soy Julia. Sí, el creador de este blog os
ha traído algún relato sobre mí, pero ahora me toca contaros
un suceso que me atormenta desde esta mañana. Todo esto

puede resultar extraño. Un personaje que se escurre de las
manos del escritor, y encuentra una ventana para ponerse
en contacto con sus lectores. No os preocupéis. Es un
buen tipo y, (no se lo digáis), bebe los vientos por mí.
Pues bien, hechos los preámbulos, comienzo mi narración:

Esta mañana a eso de las once, al cruzar el portal de mi casa,
observo como un peatón mantiene la vista fija en el
cielo. Instantáneamente, recorro la acera con la mirada y
descubro que la totalidad de los viandantes soportan sus
cabezas inclinadas hacia atrás, enfocando los ojos en un
mismo punto elevado. Mi primer acto consiste en buscar
este punto en el cielo, pero no logro divisar nada digno
de llamar la atención de tantas personas. Impotente, me
acerco a un señor y le pregunto qué es lo que les mantiene
absortos. Sin mover la cabeza, me contesta malhumorado
en un idioma ininteligible. Todos los coches están parados
en medio de la calzada con sus ocupantes fuera de los
habitáculos en idéntica posición. Ninguno toca la bocina
pese al atasco formado. Un bebé, en un carrito, permanece
callado pese a una ostensible cantidad de mocos y babas,
que en otras circunstancias le hubieran provocado un
insoportable llanto. El asombro deja paso al miedo, y
lanzada por el instinto de conservación, comienzo una
carrera que me lleva a cruzar plazas y calles, escenarios
todos ellos del mismo espectáculo. Jadeo, sollozo, me
arrodillo, y con la mano temblorosa, marco el teléfono
de mi madre. Nada. Silencio. Llamo a la policía. Nada.
Silencio. Descarto la posibilidad de robar uno de los
miles de vehículos que permanecen abiertos con las
llaves puestas, al no poder circular por la calzada. Encuentro
una bicicleta recostada sobre una farola y decido pedalear
hasta salir de la ciudad. A varios kilómetros de la urbe, llego
a una gasolinera, en la que entro para avisar de la locura
que he dejado atrás. Nada. El mostrador está vacío. Camino,
despacio, hacia la parte trasera de la caseta. El miedo ha
descontrolado mi mandíbula mientras me acerco,
desesperanzada, a la explanada. Ahí están los tres empleados
mirando ese maldito punto del cielo que me es vedado. Una
furia incontrolable me lanza contra uno de esos desgraciados.
Le sujeto, con las manos, la cabeza y me cuelgo para intentar
bajársela, pero sus aullidos me estremecen y suelto la presa,
mientras ésta balbucea una lengua desconocida.
Me apropio de uno de los vehículos y de un ordenador

portátil. Arranco el motor y recorro llanuras, montañas,
cruzo regiones y países. Por seguridad, no voy a desvelar
desde donde escribo estas líneas desesperadas, pero os doy
un consejo. Si las habéis leído, significa que estáis en vuestras
casas delante del ordenador. No se os ocurra asomaros a la
ventana ni salir a la calle y rezad. Rezad.

# Julia #

DURME DURME

Con la expulsión de los judíos de España en el 1492, ordenada
por los Reyes Católicos, comienza una diáspora hacia el este
de Europa, donde se dirigirán las familias en busca de nuevos
asentamientos. Estos judíos llamados sefardíes, conservarán
el idioma y las costumbres españolas.

Os traigo una preciosa canción de cuna sefardí, que nos llega
de Turquía y que es un ejemplo de lo dicho anteriormente:



sábado, noviembre 07, 2009

BIBLIS




El poeta romano, Ovidio, en su libro Metamorfosis (año 8 a.c.)
narra la leyenda de Biblis; una joven que se enamora de su hermano
gemelo Cauno.
Biblis desconocía la naturaleza de su amor, que creía era fraternal.
Se engalanaba cuando iba a estar en su presencia y sentía celos
de las mujeres que se acercaban a su hermano, pero no daba
importancia a estos sentimientos.
Pero una noche tuvo un sueño a consecuencia del cual descubrió,
turbada, el sentido real de su amor incestuoso.
Decide comunicarle su pasión mediante unas tablillas a Cauno
que, horrorizado, decide huir del país fundando una nueva ciudad,
con su nombre, en el exilio.
La desesperada Biblis deambula por tierras y ciudades sin encontrar
consuelo.
Es tan abundante el llanto de la joven que ésta acaba convirtiéndose
en una fuente que recibió su nombre.

Esta leyenda fue la que inspiró en el año 1884 al pintor
Willian-Adolphe Bouguereau para realizar este magnífico cuadro.


Os aconsejo que pulséis sobre el cuadro para que se amplíe y
observéis la dulzura de su rostro teñido de melancolía y
el tenue efecto de espejo del agua.

PIXAR-LAS CIGÜEÑAS