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viernes, noviembre 11, 2016

El sueño interrumpido








Ya he contado alguna vez que mantengo una fluida relación con los sueños, especialmente en su momento más frágil, cuando me encuentro entre el sueño y la vigilia.

Hace unos días, a las siete en punto de la mañana cuando ya me encontraba solo en la cama y permanecía inmerso en un inquietante sueño, pasó lo siguiente:

Estaba junto a una mujer de la que no recuerdo el rostro y con la que estaba conversando. Justo en el momento en el que me disponía a contarle algo que tenía tintes de ser al mismo tiempo confidencial y trascendente, sonó el despertador que tengo sobre la mesilla al lado derecho de la cama. Todavía dentro del sueño me vuelvo a mi izquierda y le pido a la mujer que espere un instante a que apague el dichoso despertador y que luego vuelvo con ella y le termino de contar lo que nos interrumpió la inoportuna alarma. Me vuelvo a la derecha, apago el despertador y al girarme a la izquierda de nuevo, mi interlocutora ha desaparecido. 

¿Quién era aquella mujer? ¿Qué era aquello tan importante que le quería contar?
Siempre he pensado que debemos estar especialmente pendientes de recordar los mensajes que nos envía el cerebro en las fases iniciales o finales de nuestro ciclo del sueño. Pero esta vez no pudo ser.











jueves, noviembre 10, 2016

El sensacionalista de Fernando Pessoa



A veces, sorprende la actualidad de algunos pensamientos escritos hace un siglo.








"En este crepúsculo de las disciplinas, en el que mueren las creencias y los cultos se cubren de polvo, nuestras sensaciones son la única realidad que nos queda. El único escrúpulo que preocupa, la única ciencia que satisface es la de las sensaciones.
Un decorativismo interior se me acentúa como el modo claro y superior de dar un destino a nuestra vida. Si mi vida pudiese ser vivida entre telas de raso del espíritu, yo no tendría abismos que lamentar.
Pertenezco a una generación -o, mejor, a una parte de una generación- que ha perdido todo el respeto por el pasado y toda creencia o esperanza en el futuro. Por eso, vivimos el presente con las ganas y el hambre de quien no tiene otra cosa.
........"


El sensacionalista, El libro del desasosiego, Fernando Pessoa






lunes, octubre 31, 2016

Halloween








Cuando veo por las calles a la gente disfrazada de cadáveres, me dan ganas de gritarles:
¡para qué tantas prisas!

sábado, octubre 29, 2016

Sueño hipnagógico




Este mediodía al comienzo de una pequeña siesta he tenido un sueño fugaz pero inquietante que os voy a intentar trasladar:


Yo camino por el campo vistiendo ropa de color tierra bajo un sol poderoso acompañado por un perro; creo recordar que se trata de un galgo. La imagen parece estar rodada desde una cámara que se sitúa frente a mí. Me abro el chaleco y la camisa dejando ver mi hígado sin piel ni carne que lo cubra. El perro se acerca a la víscera y la lame.



viernes, octubre 28, 2016

Espíritu crítico





         

Me agradaría poder criar a mis hijos con un alto espíritu crítico. Tan alto que no se conformen con poner en solfa cualquier afirmación, sino también cualquier negación.




domingo, octubre 23, 2016

Los libros







Está claro que en mi último viaje no podré llevarme mis libros, la duda está en si podré llevarme sus lecturas.

domingo, agosto 28, 2016

Dentro del cabello de una mujer joven...

Pulowi, la diosa  de la muerte de la mitología Wayuú. por Carlos de Moya.








Encontré a la Muerte dentro de un cabello de mujer joven.
Al enfocarlo con el microscopio me mostró a la Muerte dormitando plácidamente en la médula, cerca del bulbo. El hallazgo fue inquietante.
Me sorprendí al constatar el ridículo tamaño de la Gran Dama.
Por no hablar de su estado inactivo. Siempre se ha dicho que la muerte nunca duerme.
Me pregunté en qué estaría soñando. En qué sueña la muerte.
Por otra parte me indignó que cumpliera con su deber con tan poca profesionalidad.
Quizás tenga franquicias repartidas por todo el mundo, pensé.
No obstante decidí despertarla moviendo las pinzas de la platina. La muerte abrió los ojos sobresaltada y, tras mirar mi pupila agigantada por el tubo del objetivo, corrió al bulbo abierto y se esfumó.


sábado, agosto 27, 2016

Pensar el pensamiento





Nuestro mundo interior de sueños y visiones está antes que el exterior, el de los estímulos sensoriales. Esto es algo que los poetas han sabido siempre.
Esto constituye la negación más radical de la idea de la mente como una tabula rasa que durante los tres últimos siglos ha denominado la psicología "científica". Según esta visión de nuestro mundo mental, todos somos, como dijo John Locke, "pizarras en blanco" hasta que los estímulos del exterior escriben en ellas. La conclusión a la que llegaron Llinás y Paré en su investigación neurológica, y a la que décadas antes había llegado Moskvitin mediante la introspección y la observación, es que esa imagen es falsa. No somos un CD vacío a la espera de que la experiencia nos grabe. Filósofos como Platón, novelistas como Hesse, psicólogos como Jung y la tradición hermética y oculista occidental han sostenido exactamente lo contrario. En un sentido muy auténtico, somos microcosmos con todo un mundo dentro de nuestra psique que en muchos aspectos es mucho más rico que el "mundo real" según el cual se nos ha enseñado a medir nuestras posibilidades. Según el concepto científico de la mente, sueños, visiones, experiencias hipnagógicas y demás son desperdicios mentales destinados al cubo de la basura psíquico. Lo que cuenta es el mundo exterior y percibido en estado de vigilia, y nuestro interior, cuando está permitido considerarlo, no es más que una suerte de reflejo de lo que ocurre "ahí afuera". Tan estricta visión racionalista-mecanicista de la mente humana, que nos considera poco más que autómatas empujados por fuerzas externas, y que ha influido profundamente no solo en la psicología, sino en la política occidental de los tres últimos siglos, es sencillamente errónea. Como concluye Colin Wilson, uno de los pocos pensadores influyentes que han descubierto el libro de Moskvitin, "el mundo exterior se nos revela a nuestros ojos solamente en una versión limitada del más amplio mundo exterior.".
Moskvitin sabía que, si seguimos esta idea hasta su conclusión lógica, las consecuencias son muy hondas.


Pensar le pensamiento: Yuri Moskovitin y la antroposfera,  La historia secreta de la consciencia, Gary Lachman

A. Vivaldi: RV 662 / Par che tardo oltre il costume - Cantata for sopran...

domingo, agosto 14, 2016

El sueño de Tolstoi



Leon Tolstoi




En el ecuador de su vida, Tolstoi sufre una crisis existencial por la búsqueda infructuosa del sentido de la vida. Hombre esencialmente racional, indaga en la ciencia y en la filosofía de su tiempo sin éxito. La idea del suicidio sobrevuela su cabeza durante meses. Lo tiene todo: fortuna, fama y una familia a la que adora; pero nada le consuela. Su mente se revela contra su vida y le incita a ponerle fin. Tras este penoso camino, una mañana le surge un pensamiento que le hace replanteárselo todo. Si la razón es hija de la vida, ¿cómo es posible que dicha hija quiera acabar con su madre?

Tolstoi desvía la vista y decide tomar otro camino totalmente distinto. La trascendencia y la religión aparecen frente a él. Este nuevo periplo le lleva a la religión "oficial" en la que solo encuentra hipocresía y falsedad. Otra crisis le acecha de nuevo hasta que se acerca a las clases bajas, donde observa que la gente iletrada y pobre de la Rusia de su tiempo parece vivir feliz pese a sus enormes privaciones.

Todo este viaje, lo plasmará años más tarde en su libro, Confesión, del que os transcribo el sueño que aparece al final del mismo y que expresa de forma condensada todo lo anterior:



"Veo que estoy tumbado en una cama. No me siento ni bien ni mal, estoy echado boca arriba. Pero comienzo a preguntarme si estoy bien echado; me parece que mis piernas no están cómodas: no sé si la cama es demasiado corta, o tal vez desigual, pero no estoy bien; muevo ligeramente las piernas y al mismo tiempo comienzo a preguntarme cómo y sobre qué estoy tumbado, lo cual no se me había ocurrido hasta el momento. Al examinar mi cama, veo que estoy tumbado sobre un correaje de cuerdas trenzadas, fijadas a los bordes de mi cama. Tengo las plantas de los pies en una de las correas, las pantorrillas en otra, y siento que mis piernas no están cómodas. Por alguna razón sé que las correas se pueden mover. Y con un movimiento de piernas empujo la última. Me parece que así estaré más cómodo. Pero la empujo demasiado lejos, quiero atraerla con los pies, pero ese movimiento hace que se deslicen las otras correas bajo mis piernas, y mis piernas quedan colgando. Hago un movimiento con todo el cuerpo para corregir mi postura, totalmente convencido de que ahora lo lograré; pero con ese movimiento se deslizan y se mueven debajo de mí otras correas, y veo que la cosa va de mal en peor: toda la parte inferior de mi cuerpo desciende y queda colgando sin que los pies lleguen hasta el suelo. Me sostengo solo por la espalda, algo que añade a mi sensación de malestar otra de horror, sabe Dios por qué. Entonces me pregunto lo que antes ni siquiera se me había ocurrido: ¿Dónde estoy, y sobre donde estoy acostado? Me pongo a mirar a mi alrededor y en primer lugar miro hacia abajo, donde cuelga mi cuerpo, allí donde siento que no tardaré en caer. Miro abajo y no doy crédito a lo que ven mis ojos. No es que me encuentre a una altura parecida a la de una elevada torre o a la de una montaña, sino que estoy a una altura que nunca pude imaginar.
Ni siquiera puedo estar seguro de distinguir alguna cosa ahí abajo, en ese precipicio sin fondo por encima del cual estoy suspendido y que me atrae. Se me encoge el corazón, el terror se apodera de mí. Es horrible mirar allí abajo. Si lo hago, siento que resbalaré de las últimas correas y moriré. No miro, pero hacerlo es incluso peor, porque qué será de mí ahora, cuando me escurra de las últimas correas. Y siento que el miedo me hace perder mi último apoyo, que me deslizo lentamente por la espalda, más abajo, siempre más abajo. Dentro de un instante, me estrellaré. Y entonces se me ocurre una idea: no puede ser cierto. Es un sueño. Despiértate. Intento despertarme y no puedo. "¿Qué hacer, qué hacer?",me pregunto mirando hacia arriba. Allí arriba hay otro abismo. Contemplo ese abismo celestial y me esfuerzo por olvidar aquel otro abismo a mis pies y, en efecto, lo olvido. El infinito de abajo me repele y me horroriza; el infinito de arriba me atrae y me tranquiliza. Estoy suspendido por encima del abismo, sobre las últimas correas que todavía no se han deslizado; sé que estoy suspendido en el aire, pero miro hacia arriba y se disipa mi miedo. Como suela pasar en los sueños, una voz me dice: "fíjate bien, ahí está". Sigo mirando el infinito en lo alto llevando mi mirada más lejos, y siento que me sosiego. Me acuerdo de todo lo que ha ocurrido, y cómo ha pasado todo: cómo moví las piernas, cómo quedé suspendido, cómo tuve miedo y me liberé de ese miedo después de mirar hacia arriba. Y me pregunto: "Bueno, ¿todavía estoy aquí colgado?" No es que dé la vuelta, pero siento con todo el cuerpo ese punto de apoyo sobre el cual me sostengo. Y noto que ya no estoy colgado, y que no me caigo, sino que me sostengo firmemente. Me pregunto cómo me sostengo, palpo mi cama, me vuelvo y veo que debajo de mí, justamente en medio de mi cuerpo, hay una correa, y que, al mirar arriba, quedo en un equilibrio perfecto sobre ella, y que solo ella me sostiene. Y, como suele pasar en los sueños, el mecanismo gracias al cual me sostengo se me presenta con suma naturalidad, comprensible e indudable, a pesar de que para un hombre despierto este mecanismo no tiene ningún sentido. Incluso dormido me sorprendo de no haberlo comprendido antes.
Sobre mi cabeza hay una columna cuya solidez no deja lugar a dudas. aunque esa columna no reposa sobre nada. Una cuerda cuelga de manera muy ingeniosa, aunque muy sencilla, desde la columna, y si la mitad del cuerpo descansa sobre esta cuerda, no es posible caer. Todo se volvió claro para mí, y yo estaba contento y en paz. Entonces fue como si alguien me dijera:"Atención, acuérdate". Y me desperté.



sábado, junio 11, 2016

Nuestra consciencia y el mundo


















Con la intuición de un poeta y el escrutinio de un científico, Goethe había llegado a la crucial conclusión de que, contrariamente a lo afirmado por Descartes y sus seguidores, la consciencia humana no es un espejo que refleja pasivamente un mundo exterior cuyas "leyes" lo determinan con necesidad férrea, sino que es cocreadora de ese mundo. O, como dijo Steiner en un temprano trabajo sobre Goethe, refiriéndose a nuestra relación con el mundo exterior: " El hombre no sólo está ahí para formarse una imagen de un mundo concluido; no: él mismo coopera en la existencia efectiva del mundo".

De la ciencia de Goethe a la sabiduría del ser humano, Gary Lachman.





jueves, junio 02, 2016

La condena de Perséfone

Perséfone oliendo la granada que le encadenará al inframundo



Sin duda la ciencia es diestra en la obtención de muchas respuestas, aunque carezca de valentía para plantear ciertas preguntas. 





miércoles, mayo 18, 2016

Hombre asomado a su ventana






Seis pájaros azules me dan la espalda
sobre la rama desnuda apoyan sus garras pardas.
Sus picos, doce castañuelas mudas,
aguardan cerrados la llegada del alba.

Hacia el río caminan tres mujeres:
dos viudas de ojos secos y
una joven con el vientre hinchado
que cabila distraída bajo mi ventana.

Un lejano ladrido asusta a los pájaros
que extienden sus alas y alzan el vuelo
dejando una ola turquesa flotando sobre la rama vestida.

Soy una de esas aves que sobrevuelan mi casa
y me gusta la sensación de la libertad recobrada,
de las plumas aplastadas por el aire,
del palpitar del trigo bajo mi sombra.

Me desvisto de plumas y pico
y me dejo caer sobre el vientre preñado.
Soy el feto que flota entre el éter dulzón
que me alimenta mientras
voy olvidando todo lo que fui,
para amar a la madre que intuyo ahí afuera.

A través del cabello de mi madre
paso a las manos de la vieja que lo trenza,
y que saluda al vecino asomado a su ventana
que no responde.







martes, mayo 03, 2016

Los buenos regalos









Para sobrellevar esta vida, Dios nos regaló la risa y el Diablo los libros.
El sexo lo encontró el hombre tras los matorrales donde copulaban las 
bestias, y lo utiliza para traer al mundo más hombres a los que hacer 
reír y enseñar a leer.

sábado, abril 02, 2016

Redes Sociales








Me pregunto si la expresión "redes sociales" se utiliza en la cualidad que tienen éstas de enlazar puntos dispersos o, más bien,  en la de atrapar al incauto individuo del siglo XXI.



viernes, marzo 25, 2016

Pregunta práctica







Si en las ciudades contamos ovejas para poder conciliar el sueño...
.... ¿qué hacen en los pueblos para conseguir dormirse?

martes, marzo 08, 2016

Mi tatarabuelo Timoteo





     Recuerdo, como si se tratase de un sueño, la primera y última vez que visité a mi tatarabuelo Timoteo. Yo era un niño de nueve años y él cumplía los ciento veinticinco. Con ocasión de esa efeméride nos reunimos gran parte de la familia en el pueblo donde había transcurrido toda su vida. Enviudó a una edad lógica y desde entonces lo cuidaba una sobrina-nieta, ya que no le vivía ningún hijo y los nietos y bisnietos salieron del pueblo cuando aún creían en las promesas de la ciudad que llegaban con los muleros, traperos y otras visitas.
    En el camino mi padre me contó que Timoteo había nacido en la casa en la que iba a morir. Que no conocía la televisión, ni ningún otro electrodoméstico. Que ni siquiera se puso la luz cuando ésta llegó al pueblo. Nos contó -yo entonces no le entendí- que cuando murió su mujer la dejó marchar con resignación; como si se apeara de un tren al llegar a su estación, mientras él aún debía seguir el viaje a un lejano y desconocido destino.
     La casa era de abobe y la levantó junto a sus padres tutelados por el albañil del pueblo aprovechando la estructura de un corral abandonado. Toda la familia, salvo mis primos Jaime y Raúl que corrían por el dormitorio del segundo piso, estaba en la cocina rodeando al homenajeado. Yo iba escrutando las paredes, el suelo, el espejo, y el resto de los muebles con la avidez de un antropólogo. Cuando llegué al dormitorio me sorprendió el tipo de cama que presidía la habitación, fabricada con una madera oscura sin ningún adorno y de una altura increíble. Se me fue la vista al viejo crucifijo al que se aferraba una araña patilarga y culicorta con el ansia de una beata. En ese momento, Jaime tropezó con una pata de la cama desgajándola. Pasado el susto, nos dimos cuenta de que la cama mantenía la horizontalidad pese a la pérdida de uno de sus cuatro soportes. Mis primos decidieron forzar la situación y arrancaron la otra pata delantera, pero la cama siguió manteniendo la misma horizontalidad. Colaboré hasta dejar la cama sin sus cuatro patas, a pesar de lo cual ésta quedó levitando sobre el suelo embaldosado. Desguazamos los dos arcos sobre los que se sostenía la vieja mecedora, sin conseguir que cesara su balanceo pendular. Arrancamos el clavo que sostenía el crucifijo, pero éste no cayó. Abrimos, no sin esfuerzo, el ventanuco oxidado, pero no entraron ni el aire, ni la luz del exterior. Un miedo desconocido se apoderó de los tres y nos impulsó fuera de la habitación  en dirección a la cocina en busca de la protección paterna. 
     Sorprendentemente nadie nos regañó nunca por las tropelías perpetradas en aquel dormitorio centenario. Prometimos llevarnos el secreto a la tumba, por lo que ruego a quien lea este relato que lo olvide al llegar al punto final que verá a continuación.

lunes, febrero 29, 2016

Biografía del silencio






"Estamos tan lamentablemente apegados a nuestros puntos de vista que si pudiéramos vernos con cierta objetividad sentiríamos vergüenza y hasta compasión por nosotros mismos. El mundo tiene graves problemas por resolver y el ser humano está, por lo general, embebido por problemas minúsculos que ponen de manifiesto su cortedad de miras y su incorregible mezquindad"


Pablo d'Ors

viernes, febrero 12, 2016

Desnudarse del todo






Isabel llegó a casa después de un día de duro trabajo. Estaba fatigada y le pesaban los ojos. Al entrar en su apartamento colgó el abrigo en la percha del recibidor. Continuó hasta el dormitorio donde se quitó la blusa y los pantalones pitillo que había estrenado precisamente esa mañana. Se recostó en la cama vestida únicamente con las bragas. Sonrió al ver que de su mano colgaba el sujetador y lo dejó caer al suelo. Su piel fue apoderándose de la colcha, pero no conseguía calmarse. Sentía un molesto zumbido como el de su coche cuando lo aparcaba en un tórrido día de verano y el ventilador seguía trabajando debajo del capó pese a estar el motor apagado. Se puso de lado, boca arriba, boca abajo, del otro lado. Nada.
Se dio una ducha para refrescarse y se colocó frente al espejo. Como aún notaba cierta ansiedad y ya no tenía ninguna prenda de la que deshacerse, decidió prescindir de los complejos. Se los fue arrancando de la piel uno a uno y dejando las tiras sobre el lavabo. Al cabo de un rato recogió el montón y lo tiró por el water.  Luego pensó que sería una buena idea acabar con sus adicciones. Las encontró tras las orejas y en las ingles. Esta vez empleó una toallita húmeda para retirarlas. Eliminar los miedos fue el siguiente objetivo, pero por más que los buscaba no los hallaba. Notaba sus efectos opresivos sobre el tórax, pero no los veía. Al final, palpándose un pecho notó un anillo muy fino que rodeaba sus mamas y lo retiró con sumo cuidado. En pleno frenesí, pensó en deshacerse de sus deseos. Para ello usó un algodón desmaquillante y lo fue untando en el espacio entre los labios y los dientes. Siguió con las ideas, los proyectos y los recuerdos, estos últimos enredados entre su hermosa melena rubia.
Volvió al dormitorio, abrió la ventana  y se acostó. El aire le acercó el trino de los pájaros y el rumor de hojas y ramas. Esa noche no cenó. Durmió profundamente como el bebé que fue y al que ya había olvidado.

domingo, febrero 07, 2016

La tableta de chocolate





Cuando el niño alcanzó finalmente la tableta de chocolate que su madre había escondido en la parte superior del armario de la cocina, esbozó una sonrisa victoriosa y se encerró en su habitación.
Cuando la madre vio los restos del envoltorio repartidos por la mesa y el suelo y la banqueta fuera de su lugar, esbozó una sonrisa bondadosa mientras decidía cuantos minutos le dejaría a solas con su sabroso trofeo antes de intervenírselo.
Cuando la niña escuchó las quejas de su hermano y lo vio refunfuñar con la boca pringada de chocolate, esbozó una sonrisa y lo llevó ante un espejo para que comprobase el aspecto tan ridículo que tenía.

viernes, enero 15, 2016

viernes, diciembre 25, 2015

El hombre devorado






En el intrincado y variado mundo de los sueños, a veces, aparece uno que destaca sobre los demás, que nos suele despertar y al que le damos vueltas un buen rato buscándole una explicación.Pues bien, esta Nochebuena, me he despertado con este breve sueño:

Un hombre era devorado por una jauría de lobos dentro del agua. El cuerpo estaba suspendido en el líquido elemento mientras recibía las embestidas furiosas de las fauces de las bestias. Yo observaba esa escena en una pantalla de televisión y me asqueaba de tal modo que intentaba cambiar de canal con el mando a distancia, pero era en vano ya que en todas las cadenas emitían la misma escena. 

Las potentes imágenes me transportaron inmediatamente al confort de la vigilia en la que intenté buscar una interpretación. A diferencia de otras ocasiones en las que la búsqueda es inútil o tarda mucho tiempo en dar sus frutos, esta vez la respuesta llegó inmediatamente:

El hombre que muere en el agua no es otro que Jesús que es devorado por nosotros, los hombres.Los cristianos celebramos ese sacramento al que llamamos comunión. Lo más curioso del caso es que  he tenido el sueño(o él me ha tenido a mí) precisamente la noche en la que celebramos su nacimiento.
Tengo que aclarar que no soy un cristiano practicante. Tan solo lo soy de nacimiento y educación, lo que añade aún más misterio al sueño.






sábado, diciembre 19, 2015

Entrevista a Jorge Luis Borges en 'A Fondo' (1976)

El aprendizaje de escritor






Tras la muerte de Jorge Luis Borges, han ido apareciendo en cajones, bolsillos o cajas de galletas escritos que permanecían ocultos. Entre esa documentación se encontró una cinta magnetofónica grabada en Nueva York en 1971. Está formada por un seminario que impartió Borges sobre la escritura. Pues bien, finalmente se decidió transcribir lo que dio vida al libro El aprendizaje del escritor, del que os acerco este interesante fragmento.



"Este es una especie de misterio central: cómo se escriben mis poemas. Puedo estar caminando por la calle o subiendo y bajando las escaleras de la Biblioteca Nacional y, de pronto, siento que algo va a ocurrir. Y luego surge algo, que puede ser un cuento o puede ser un poema, ya sea en verso libre o en alguna forma cerrada. Lo importante en este punto es no falsear. Debemos, a fin de no ser ambiciosos, dejar que el Espíritu Santo o la musa o el inconsciente -si prefieren la mitología moderna- hagan lo suyo con nosotros. Ya que cuando yo escribo algo, tengo la sensación de que ese algo preexiste. Pero no tengo la sensación de inventarlo; las cosas son así. Son así, pero están escondidas y mi deber de poeta es encontrarlas. Por eso, en el debido momento, si no me he estado engañando, me será dad una línea, o quizá alguna vaga noción -acaso una imagen- de un poema, todavía lejano. A veces, apenas puedo descifrarlo; luego esa forma borrosa, esa vaga nube, cobra forma, y entonces oigo mi voz interna que me dice algo. Desde el ritmo de lo primero que oigo, eso me deja sospechar si voy a escribir un poema blanco o un soneto. Esta es una forma de hacerlo.
....
Quien es un poeta lo es siempre, y se ve asaltado por la poesía continuamente. Yo no creo que un poeta pueda sentarse deliberadamente a escribir. Si lo hiciera, nada que valga la pena puede resultar de eso. Yo hago lo posible por resistir esa tentación. ¡En ocasiones me pregunto cómo he llegado a escribir varios poemarios! Sin embargo, yo dejo que los poetas insistan, y a veces son tan obstinados y tenaces que consiguen abrirse camino conmigo. Es entonces que pienso: si no escribo esto, seguirá insistiendo y preocupándome; lo mejor que puedo hacer es escribirlo. Una vez escrito, sigo el consejo de Horacio y lo hago a un lado por una semana o diez días. Y luego, por supuesto, descubro que he cometido muchos errores flagrantes, de modo que los pulo. Luego de tres o cuatro intentos, me doy cuenta de que no puedo hacerlo mejor y que cualquier variación podría arruinarlo. Es, pues, entonces que lo publico."

jueves, diciembre 17, 2015

En todo me faltas






Del estéril intento de escribir un poema sobre el duelo por la muerte de mi madre, solo debo rescatar la siguiente reflexión:

Todas las madres provocan el llanto en sus hijos en los dos momentos en que se separan de ellos, el parto y la muerte.



martes, noviembre 24, 2015

Basura genética - Luis Alberto de Cuenca













BASURA GENÉTICA

Durante tres milenios los tipos más valiosos,
más fuertes y más listos de la especie
-la flor y nata de la juventud-
se fueron a la guerra
y murieron sin gloria
en los remotos campos de batalla,
mientras que los enfermos y los débiles,
los corruptos y los cobardes
se quedaban en casa y se reproducían.
De ahí venimos nosotros.
Llevamos tres milenios perdiendo a los mejores
para que los inútiles
salven la vida y sigan engendrando.
Por eso somos todos,
treinta siglos después,
lo peor de cada tribu:
desperdicios, basura irreciclable.


Cuaderno de vacaciones, Luis Alberto de Cuenca


domingo, noviembre 22, 2015

Silencio para curar el alma-Pablo d'Ors




El silencio es el espejo de lo que somos y lo que somos no nos gusta. Por eso huimos de ello. El hombre no solo es verdad, belleza y bien, es codicia, ambición y vanidad. Esas sombras nos constituyen. La verdadera vida está detrás de lo que nosotros llamamos vida. Pararse, callar, escuchar y mirar.


Pablo d'Ors. Extracto de la entrevista concedida al diario El Pais

sábado, noviembre 21, 2015

El pincel y el lienzo





Cae la lluvia sobre la hilera de plátanos teñidos de ocres frente a mi ventana y adorna la calle con reflejos de espejo. La brisa mece las copas de los árboles y les arrebata unas hojas que inicialmente saltan disparadas hacia arriba para ir cayendo después en un movimiento pendular. Las más expuestas al barrido del aire -por ocupar la cúspide de las ramas- se agitan con nerviosismo: parecen reclamar el destino de sus compañeras. El edificio que se eleva tras los árboles, las hojas y las calles es de ladrillos color beige. Observo que no todos los ladrillos de la fachada han recibido del mismo modo las gotas de agua, ya que mientras unos mantienen invariable su color habitual, otros han oscurecido ostensiblemente.

La lluvia ha cesado. Las nubes se repliegan arrastradas por el aire. En su huida se desprenden trozos que semejan pequeñas islas rodeadas de un intenso azul. La luz se apodera del barrio aún adormilado. El Sol es tan intenso que me obliga a bajar la mirada y calienta mi frente. Se abren círculos blancos en las paredes. Diminutas semillas blancas cruzan mi ventana con el único destino de recoger la luz y proyectarla hacia mis ojos. Dos gorriones juegan a perseguirse a lo lejos: sus lomos plateados.




viernes, noviembre 13, 2015

Bienaventurados los pobres de espíritu...






Del mismo modo que los viejos cuentos sufíes y las -aún más viejas- fábulas de Esopo tienen varios niveles de lectura dependiendo del grado de conocimiento o iniciación que tenga el lector,
así es la realidad que nos rodea en nuestra cotidianidad.
Una frase, una mirada, o incluso el picoteo de un gorrión tienen un significado superficial que no se le escapa a nadie. Pero debajo siempre hay una intención, un sentimiento o la necesidad de llevar alimento al nido, respectivamente. Más difícil aún es seguir escarbando hasta encontrar el anhelo escondido bajo la intención, tras la frase. O el infierno bajo el sentimiento, tras la mirada. O la necesidad del gorrión de perpetuar sus genes a través de los polluelos para los que recoge el gusano.
Pero lejos de dar la felicidad, esta pretendida habilidad solo aporta a quién la practica el desasosiego.






sábado, octubre 31, 2015

La importancia de dejarse rascar la espalda






Los niños que rechazan las caricias de sus madres están condenados en reencarnarse en tortugas.



La traición oculta del alma - Patrick Harpur

Patrick Harpur




"....
Si queremos iniciarnos voluntariamente, nos enfrentamos a la escasa comprensión que existe sobre la necesidad de ritos formales, además de los ritos en sí mismos. Debemos emprender nuestro propio camino de negación del ego, tal vez de una manera ética, a través de un abnegado y desinteresado servicio a los demás; o de una manera imaginativa, mediante la paciente y honda atención y celebración constante de las minucias de la existencia, que no son sólo requisitos del arte, sino de cualquier vida en contacto con el alma.
Hay también otro camino que nos permite entender intuitivamente la realidad de la iniciación chamánica y por el que somos iniciados nos guste o no: a través de los sueños. Nuestra zambullida nocturna en el inconsciente oceánico mantiene al ego fluido y lo anima a reconstruirse mientras adopta distintos papeles y posicionamientos en el mundo onírico; haciéndole empezar a darse cuenta de que sólo es una faceta de la gran esfera resplandeciente de la psique. Si, a pesar de todo, se aferrar a una de las caras, como hace el ego racional, todo el resto de inconsciente resulta hostil. Tratará de huir,  pero se encuentra anclado o como corriendo entre arenas movedizas, porque la postura literal y de fuerza no funciona en el Otro Mundo. Debe afrontar las imágenes que encuentra pavorosas. Y se revelarán inofensivas; y si no es así -si infligen daños-, eso es precisamente la iniciación. Para empezar, toda iniciación se experimenta como ruptura y regresión; pero si el ego se rinde descubre que no está hundido en la locura y el caos, como temió Jung, sino - como éste también descubrió -inmerso en la claridad y precisión de un mito."


Levantando a los muertos, La tradición oculta del alma, Patrick Harpur




domingo, octubre 25, 2015

Llenar el Vacío





El día del nacimiento de Tomás el alma abandonó su cuerpo dejando un vacío. Durante los primeros años fue su familia la encargada de llenarlo de amor. De esa forma el vacío se impregnó de su olor y, con el transcurso de los años, Tomás aprendió cuál es la sustancia adecuada para saciarlo, para aplacar su apetito.

El día del nacimiento de Clara el alma abandonó su cuerpo dejando un vacío. Una infancia en una familia tiranizada por el alcohol y los malos tratos dejaron vacío el vacío, que perdió la permeabilidad
de sus paredes.

Pasada la edad del desconcierto un joven conoció a una chica de ojos tristes y bellos y algo desde dentro le reclamó su alimento. El joven abrió sus entrañas y las expuso con la entrega del que se ofrece en sacrificio. La chica de los ojos tristes le recibió con una sonrisa.
Tras un año de juegos, sexo y promesas se fueron a vivir juntos y tuvieron una hija.

El día del nacimiento de Lucía el alma abandonó su cuerpo dejando un vacío. En su tercer cumpleaños Lucía perdió a su padre que decidió reclamar el alma que le abandonó al nacer. Esa mañana, mientras se afeitaba, Tomás descubrió un rostro sin carne, unos ojos tristes. Esa noche Clara se arañó el pecho y lo inundó de alcohol.


El otoño no cabe en la alcantarilla









sábado, octubre 03, 2015

La ceguera del topo







Lo que desconoce el búho, que observa al topo asomando su naricilla a ras de suelo, es que su ceguera innata no le impide percibir -usando el olfato- sus garras poderosas y su pico enmarcado en su cara redonda y noble.
Lo que desconoce el topo es que el amanecer ha teñido de rojos imposibles el cielo,
que el otoño mordisquea de marrones las puntas de las hojas, aún vivas, mientras una hilera de hormigas escala el robusto tronco de un álamo,
que la guadaña permanece inmóvil sobre la hierva desde el día en el que la granjera parió a su primer hijo, 
que las hadas que habitan el bosque cercano ansían morir para volver a nacer, aunque sea como hijas de granjero.








domingo, septiembre 27, 2015

"Felicidad para todos"
















Hace cinco meses que murió mi madre de forma repentina e inesperada. No emplearé ni un minuto en describir el dolor y el vacío que me ha supuesto su pérdida. Todos los que lean estas lineas y hayan pasado por este trance me entenderán.
Pues bien, esta mañana buscando unos datos en los contactos de WhatsApp me he encontrado con su cuenta y con la frase que tenía puesta en su "estado".
¡Ésta era mi madre!






miércoles, septiembre 16, 2015

Un nacimiento anormal






Yo no tuve la suerte de tener un nacimiento normal como vosotros.
La mañana del parto mi madre permanecía sobre la estrecha cama del hospital acompañada por una matrona. Recibía sus consejos con la respiración inquieta. En breves momentos la pasarían al paritorio donde ya le esperaban el doctor y dos enfermeras más. Mi padre llegó en ese momento.  Cuando entró en la sala, mi madre tenía las pantorrillas sobre dos soportes elevados, la mirada crispada y la cabeza pincelada de un sudor agrio.
¡Empuja, empuja!- le animaban todos los presentes.
El tocólogo procedió a extraerme. Se inclinó hacia el vértice formado por las piernas de mi madre con ambas manos orientadas hacia la entrada del túnel, e inesperadamente retrocedió dos pasos y miró a la matrona con incredulidad. Le cogió del brazo y le obligó a acercar la mirada al túnel. La expresión de la matrona intranquilizó aún más a los presentes. Se hizo un tenso silencio en la sala que solo se rompió por la expulsión forzosa de mi padre.
En cuatro minutos, un huevo blanco del tamaño del de una avestruz dominaba la sala sobre un soporte improvisado. Las dos enfermeras, la matrona y el doctor lo rodeaban escrutándolo como si se tratara de un OVNI. Mi madre se desmayó impresionada por tan inesperado parto. Lógicamente no existen protocolos para afrontar la situación ante la que se encontraban los sanitarios. El doctor decidió aplicar una luz sobre la cáscara para vislumbrar el interior. Me vio encogido en un estado de desarrollo propio de un sietemesino, tras lo que exhaló un suspiro de alivio. Con no poca resistencia por su parte, consiguieron convencer a la matrona para que dedicara las dos próximas semanas a incubarme. Tras hablar con la dirección del hospital, reunida de urgencia, le habilitaron una salita contigua a la de las incubadoras. Recortaron un colchón para darle una forma redondeada y lo colocaron sobre el suelo. Sobre el colchón instalaron una silla a la que habían retirado previamente el asiento. Y, finalmente, apoyaron el huevo entre las patas de la silla. Ante el disimulado cachondeo de los presentes, la matrona se quitó las bragas y posó sus generosas nalgas en la silla, hasta cubrirme la parte superior de la cáscara. Recuerdo el placer que me produjo la nueva situación, en la que la naturaleza volvía a aportarme el calor imprescindible para completar mi desarrollo. Las autoridades sanitarias prohibieron taxativamente que trascendiera cualquier noticia a los medios de comunicación, así que todo el proceso transcurrió en la más absoluta oscuridad.
A mis cuarenta años ya no queda ningún rastro de aquellos azarosos días. Solo guardo una mitad de la cáscara en la que atesoro las bragas y la bata de la matrona; mi madrina.



domingo, agosto 30, 2015

Un plan para el fin de semana







Reunir a todos los niños del mundo junto a una fosa. La fosa en la que los europeos enterramos el Alma, y sobre la que llevamos tres siglos arrojando razón y ciencia. Conseguir que todos callen y escuchen el susurro limpio que surge del fondo: una voz nueva y eterna, atrapada y libre. Ver sus caras iluminadas. Algunos se han dormido y sueñan. Otros cavan la tierra con sus manos. Sudor y afán. Pasarán las horas y caerá la noche definitiva sobre sus cuerpos ocupados.







Flamenco árabe

jueves, agosto 27, 2015

El sino de España



Salón del trono de los Reyes Católicos en Segovia


España es un país que siempre ha tenido, y siempre tendrá, un pie dentro del lodo.




lunes, agosto 24, 2015

Recuerdos




A veces, encerrar a una criatura dañina en un armario y echar la llave no sirve de nada. Sobre todo cuando esa criatura es un recuerdo.


sábado, agosto 22, 2015

La pérdida



Eros ante la muerte de Psique
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En la vida del cuerpo, es la pérdida lo que nos desmiembra. Nuestros corazones se rompen; sangramos, nos herimos, sentimos dolor; quedamos deshechos. La pérdida de un ser querido nos abre como un escalpelo, nos caemos a pedazos, nos sentimos cortados en trozos pequeños. La pena nos paraliza; nuestros cuerpos se sienten extraños y separados; parece que estamos viviendo en un sueño, en otro mundo.
Éstas son las experiencias que no debemos tratar de curar o superar, como si quisiéramos volver a ser las personas que éramos. Al contrario, debemos permitir que las energías profundas que liberan nos transformen. No debemos temer la desintegración de nuestro excesivamente sólido yo; debemos dar la bienvenida a la muerte de nuestro ego heroico. No sólo es la pérdida lo que nos inicia, si se lo permitimos. También lo hace el amor, cuyo requisito previo es esa atención apasionada que coincide con la muerte del egoísmo. El amor es menos fiable que la pérdida para generar esta transformación, porque puede confundirse fácilmente con el apego, el ansia, el deseo, y así puede hacerse irreal sin que lo sepamos. Las razones para nuestro sufrimiento por la pérdida de alguien pueden ser igualmente irreales o engañosas, pero al menos el sufrimiento en sí es real. Un grito de dolor es siempre irreductible.
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El fuego secreto de los filósofos, el cuerpo sutil. Patrick Harpur

domingo, agosto 16, 2015

Imaginación vs fantasía según Coleridge


Coleridge 1772-1834



Entre sus teorías, Coleridge, destaca su análisis de la mente poética, distinguiendo la "imaginación" de la "fantasía": ésta es una libre dinamicidad de la memoria, que baraja imágenes pasadas a su albedrío, mientras que aquélla es la propia capacidad de percepción de la realidad, en dos niveles; la primaria, como el acto de sentir el mundo, casi como eco del acto creativo divino, y la imaginación secundaria, como reelaboración de esa percepción, idealizándola y unificándola, esto es, haciéndola arte.
... Coleridge proclama la primacía de la "imaginación" sobre la "fantasía".



José María Valverde en la introducción a POETAS ROMÁNTICOS INGLESES





El agua no tiene color






He encontrado esta fotografía hace un rato por casualidad. Está tomada hace un siglo, anteayer como aquel que dice, en un estado sureño de los EEUU. Es una magnífica representación del racismo. Siempre he pensado que el racismo es un pecado -un fracaso- de la inteligencia. Me hubiera gustado poder poner esta misma foto, pero con un blanco bebiendo de la fuente asignada a los de color en señal de protesta.

jueves, agosto 06, 2015

El turista






Intentar conocer un país en una semana, además de ser absurdo, es agotador. Te ves convertido en uno de esos turistas -que a menudo ves en tu ciudad-, cámara en ristre, intentando fijar una imagen para luego almacenarla mientras pierde el placer de saborearla in situ.
A veces la mejor manera de explicar algo es enfrentarlo a su contrario. Pues bien, creo que con la fotografía que tomé desde uno de los canales de Brujas, en la que se puede ver a un perro en un duermevela observando relajadamente el paso de nuestra barca, se puede entender mejor la intención de mi escrito.

martes, julio 28, 2015

Leer para contarlo - José Luis Melero







Antes de irme de vacaciones os acerco dos anécdotas divertidas que  he encontrado en el libro del bibliófilo aragonés José Luis Melero, Leer para contarlo:











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Uno de esos libreros de Barcelona con quien mantengo buena relación me contó un par de anécdotas que le habían sucedido a lo largo de su vida profesional, las dos muy representativas de lo que es el mundo del libro viejo. Una de ellas hacía referencia al poco tiempo que tardan las viudas de los bibliófilos en vender sus bibliotecas. En cierta ocasión una de estas viudas le llamó para venderle los libros de su marido. Le dio la dirección y resultó tratarse de una vieja casa del ensanche barcelonés sin ascensor. Llegó a la casa del librero y delante de él, por la estrecha escalera, subían dos empleados de una funeraria con un féretro vacío. ¿No irán estos...?, se preguntó mi amigo. Pues sí, efectivamente, sí iban. Se pararon delante del mismo piso que le habían dicho por teléfono a nuestro librero. Abrió la viuda la puerta, pasaron los de la funeraria con el féretro y detrás mi amigo el librero a comprar los libros. Aún estaba el difunto en la cama de cuerpo presente cuando sus libros iban a parar ya a manos del librero de viejo. 

La otra anécdota es muy ilustrativa del hecho de que hay que mirar bien todos los libros por malos que parezcan. Estaba este librero comprando los libros en un piso cuando vio una serie de tomos de El año cristiano que ningún librero quiere porque, como la mayoría de los libros religiosos, apenas tienen salida. Mi amigo dijo, señalándolos con la mano, que esos no iba a comprarlos y la dueña de la casa casi imploró para que se los llevara. "Deme lo que quiera"-le decía la propietaria, una buena mujer vestida toda de negro que lloraba todavía ante la ausencia de su virtuoso esposo- "pero lléveselos porque me recuerdan mucho a mi marido". "Siempre estaba leyéndolos", continuaba la mujer. Al final mi amigo se los llevó con la intención de darlos al trapero pero al llegar al almacén se le ocurrió abrirlos y lo que vio allí casi le cambió la vida. Nuestro lector de El año cristiano había abierto un cuadrado en el interior de cada uno de esos tomos y allí tenía escondidas centenares de novelas pornográficas de finales del siglo XIX y principios del XX, cromotipias y postales sicalípticas de las misma época, en fin, un material dificilísimo de encontrar y por el que mmi amigo obtuvo, vendiéndolo poco a poco a coleccionistas de este tipo de publicaciones, un auténtico dineral. Y la buena señora pensando que su marido era un cristiano ejemplar. 
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